14 may. 2011

Fotografia que muestra el viejo oeste chileno. Angol 1886.-

ANGOL
CAPITAL DEL VIEJO OESTE CHILENO.

Muchas son las explicaciones para la criminalidad en la Frontera, la mas importante tiene que ver con la precoz civilización que se quería implantar en la Araucania, al igual que en el lejano oeste americano, cuando Angol se funda y en especial en sus primeras tres décadas, prima la ley del revolver....

La ciudad se vio sobrepasada, en cualquier época del año, por estos delitos en el lapso que fue la capital fronteriza. Es decir, durante todo el periodo que dura la ocupación, desde su fundación pasando por la campaña de 1881, hasta principios de la década de 1890. La apertura de nuevas poblaciones hace que el bandidaje se aleje de la zona y emigre Frontera adentro. Prueba de ello es la disminución tanto en las causas judiciales, como en las noticias locales acerca de salteos que a partir de mediados de la década de 1890 se producen con frecuencia en pueblos como Victoria y Temuco, u otros traspasando el río Cautín. Por ello el traslado a fines de siglo del principal baluarte en la lucha contra el bandidaje: el Comandante Hernán Trizano, es derivado a Temuco donde fue ungido como Comisario de los Gendarmes de las Colonias, ya que en ese lugar hacía sus mayores dividendos el bandolero que había esparcido su terror con anterioridad en Angol.

La criminalidad puede ser definida como un proceso que envuelve la concurrencia de una serie de conductas delictuales violentas realizadas por sujetos feroces y sanguinarios, que no trepidan en agredir a sus victimas y no respetan la vida de nadie a fin de obtener sus botines. La evidencia más concreta de esta criminalidad esta dada por el salteo, acto espontáneo o planificado de despojo de bienes en forma violenta, en donde el robo se asocia a delitos más graves como homicidios y violaciones. Cometido indistintamente en haciendas, caminos, emporios y calles, los salteos siempre dejan un daño en la integridad de las personas, esta maldad encarnada a través de esos delitos es la principal razón de separarlos del actuar de los simples rateros, que si bien cometían hurtos estos no se asociaban con una desmesurada violencia al ser perpetrados.


Los predecibles bandidos de la Araucanía.

La conquista de nuevas tierras, a partir de la fundación de Angol, hizo que desde sus inicios la ciudad albergara ciertos individuos mestizos que vendrían a representar la parte más negativa del bajo pueblo. De forma tal que las primeras comunicaciones administrativas nos advierten en 1863, que“la diversidad de individuos que afluyen a esta nueva población i los cuales necesitan ser vigilados de cerca para pasar a cuvierto a los vecinos que tiene su residencia en ella... “1 Sin duda que la heterogeneidad de estos hombres era un obstáculo para su control efectivo. Pero no era una traba para que fuesen fácilmente reconocibles, puesto que mostraban conductas similares además de otros factores que permitían una identificación rápida de sus propósitos.

¿Cuáles eran los indicios que daban estos sujetos, y que los hacía delatar sus intenciones? La mayoría de los partes policiales son escuetos en cuanto a la descripción los antisociales, sobresalen los informes de Hernán Trizano quien en su labor de Comandante de la Policía Rural y la Policía Urbana de Seguridad respectivamente entre los años 1885 y 1890, nos entrega valiosas descripciones como esta, “En la calle Boroa de esta ciudad se aprendió por sospechoso a Clodomiro Conejeros presunto desertor del regimiento de cazadores a caballo e individuo de pésima fama i antecedentes malos pues se le consideraba como compañero de Jertrudio Rodríguez, Nolasco Zambrano i otros forajidos más que han perpetrado en este departamento i los vecinos varios delitos i crímenes...“2

Existe la tendencia en estas descripciones, a tildar a esos individuos como “desconocidos i de mal aspecto” y también de “pésima fama y antecedentes”. Lo que nos interesa es indagar en las causales de estas calificaciones, más precisamente: ¿Qué condiciones se daban para despertar estas sospechas y calificativos?

En primer lugar, los sujetos poseían la condición de forasteros, como en este caso: “Por conducto del inspector don José Ponce recibí los dos pesos que Us. me remite de multa impuesta a Eleuterio Jara, por alojar jente desconocida en su casa sin dar cuenta a la autoridad.”3 Pese a lo increíble que nos pueda parecer esta multa, lo primero que se debe consignar es que estos individuos representaban el lado más oscuro de los mestizos trashumantes, ya que su deambular seguía a un tipo de vida errante que favorecía la supervivencia delictual y que los ponía siempre en la calidad de “desconocidos”. En las haciendas rurales y comunidades fronterizas pequeñas sus pobladores se frecuentaban entre sí, por lo que la llegada de sujetos extraños siempre despertaba desconfianzas, más aun cuando estas visitas aparecían fuera de los periodos de cosecha.

Los cientos de causas judiciales revisadas nos indican que esta tendencia continua en todo el periodo de estudio. Observemos el siguiente relato de un testigo en un juicio por robo: “Hace como quince días estaba yo en mi casa situada en el fundo ‘El Porvenir’ de don Lisandro Anguita fundo del cual soi inquilino. Pasaron a mi casa dos individuos que guiaban dos carretas, cada una con su respectiva yunta de bueyes. Estuvieron secándose ahí porque ese día llovía con fuerza. Yo les hice diversas preguntas i principie a sospechar que no se trataba de gente honrada. Mis sospechas aumentaron cuando vi que ambos individuos llevaban ropa bastante despedazada, pero debajo de esa tenían otra de buena clase... “4 Personajes como los citados pululaban en la Araucanía, en este caso se trata de tipos desconocidos para los lugareños, las carretas sin duda eran productos de sus salteos y aunque quisieron pasar como simples peones las ropas de buena clase revelaban lo obtenido en el robo.

Ahora bien, el desconocido inspira siempre desconfianza porque se ignoran sus propósitos, más aun si sus andanzas no delatan intenciones laborales. Los desempleados también eran sospechosos de delitos, como vemos en un parte del Comandante de Policía donde “Pongo a disposición a Cornelio 2° Bisama individuo de pésimos antecedentes, vago i vicioso i en cuyo poder se encontró la especie que acompaño.”5 En este sentido los vagos fueron siempre mal vistos y desde la época Colonial la vagancia fue considerada una falta.

Otras evidencias que delatan a estos sujetos son su “pésima fama y antecedentes”, es decir, las referencias a ciertas conductas que permitían catalogar de tal o cual manera a un sujeto. Estos síntomas fueron advertidos precozmente en los sujetos populares, por ejemplo encontramos en un informe pasado a la Intendencia en 1863 la siguiente información:“En el sector denominado los perales... se encuentran reunidos de veinte a treinta individuos desconocidos i de mal aspecto i que se ocupan en beber en algunos tambos que se han establecido en el citado lugar...”6 Aquí se hace una mención a la desmesurada costumbre que tenían por el licor, y tal como majaderamente demostramos en el capitulo anterior, los sujetos eran arrastrados por la embriaguez hacia la consumación de los delitos. Ello es ratificado por los mismos implicados en múltiples casos, tal y como se describe en otro caso de salteo: “Es cierto que ayer en la tarde en unión de Francisco Torres y de Manuel Montecinos individuos que he conocido en esta ciudad salteamos a José Maria Figueroa a la salida de Villa Hermosa. Este hecho lo cometimos sobre ebrios pues con el mismo asalto habíamos estado bebiendo...” 7

Pero esta “mala fama” no solo iba ligada a sujetos vagos y ebrios, la fama también venía dada explícitamente por una vida dedicada al delito. Los periódicos mencionan en reiteradas ocasiones esta característica, “Buena Presa”, titulaba en su crónica el periodico “El Eco del Sur” en 1883, en la que informaba que “El sábado a las 9 30 ms. PM la policía capturo tres individuos de mui malos antecedentes i que según confesión de ellos mismos habían cometido una buena cantidad de depredaciones i crímenes. Poco después de la entrada del sol cierto individuo encargado por la policía vio entrar al arrabal de Villa Alegre a tres individuos bien montados en ricos caballos pero semblantes poco satisfactorios. Los desconocidos se llamaban Viviano Astudillo prófugo; José Toribio 2° Alarcón prófugo, ladrón, etc; Roberto Chacon que tiene de todo su poco. De los tres desconocidos uno paso a la eternidad, otro esta por pasar pues salvo milagrosamente i el tercero esta bien asegurado i parece no volver a tomar tan pronto aire libre i fresco.”8 Existía una disposición en los bandidos a hacer gala de sus delitos. Los sujetos citados parecen expresar con orgullo sus crímenes, lo que podría explicarse como una actitud de defensa ante un medio tan violento. Es decir, un tipo valía o pesaba según el pasado delictual que podía ostentar ante sus pares y que mejor ocasión de hacerlo frente a la policía dando muestras de un desparpajo y valentía que eran cualidades bien estimadas en el mundo de criminalidad y violencia fronterizo. Casos similares se pueden constatar en la convivencia diaria de los mestizos, ello nos da a conocer un parte policial, “Prevengo a Us. que ambos reos se les vio juntos i decían que ellos eran los bandidos mendozas i que se prepararan por que ellos iban a matar a todos... ambos reos niegan el hecho sin embargo de haberlo perpetrado en presencia de muchos que por allí habían...”9

La reiteración presumida que hacían los bandidos de sus actos nacía ante la necesidad de imponerse en este medio hostil que los circundaba, así también por lograr un reconocimiento popular. Los forajidos más famosos contaban en gran medida con la simpatía del pueblo que veía en ellos una suerte de héroes populares capaces de realizar las mayores hazañas y salir siempre airosos de ellas. En este sentido lo que planteamos es entender la criminalidad como una forma de supervivencia dentro del mundo fronterizo, que permitía un cosmos social particular que era moldeado desde y para esos sujetos.

El éxito del bandolerismo.

Una duda nos inunda, ya que si bien se observa una facilidad para identificar a estos sujetos, sin duda una ventaja para detener o al menos denunciar los posibles salteos, ellos no cesan en su variedad y número. Cabe entonces cuestionarse las causas que permitían el éxito de la criminalidad, ya que pese a la supuesta ventaja que tenían las victimas, no podían detener los acontecimientos y terminaban en la mayoría de los casos muertos o heridos. Un antecedente a tomar en consideración a la hora de analizar el actuar de estos bandidos, es la naturalidad con la que llevan a cabo sus delitos. Naturalidad que surge de una inveterada costumbre criminal...como queda demostrado en la declaración de un menor inculpado por homicidio:“Estaba jugando a las bolitas a la entrada de la estación con otros amigos cuando se acerco a provocarlo i maltratarlo Erasmo Estrada quien saco un cinturón de cuero que tenía una evilla de metal en un extremo y comenzó a pegar al declarante este saco una navaja para defenderme i dice que no sabe como ha podido herirlo ni mucho menos ocasionarle la muerte i producirle lesiones graves...”10 Esta confesión hecha por un niño de doce años de edad nos gráfica como los hechos criminales se hacían carne desde temprana edad entre los mestizos. En otra ocasión el diario "El Colono" informa que “Se ha aprehendido a una banda de rateros de los cuales el mayor no contaba de quince años. Pues bien estos precoces bribones no eran como creíamos aprendices en el arte de robar, podían pararla de maestros experimentados, que obedecían con toda disciplina a un jefe. I lo más curioso es que ese jefe es Víctor González ¡de doce años de edad!”11 La carrera delictual comenzaba a través de estos delitos menores en una escalada cada vez mayor, por lo cual no es de extrañar que para la hora de sus mayores crímenes por lo general los sujetos tienen entre 16 y 40 años concentrándose los delitos en el tramo que va de los 18 a 26 años.

Otro indicio que sugiere el éxito del bandidaje es que estos sujetos realizan sus acciones en grupos que van desde dos hasta diez o más individuos, los cuales atacaban siempre a solitarios habitantes de la ciudad y sus alrededores. Así se puede comprobar en la declaración de una victima en un caso de salteo:“El 30 del pasado entre 7 i 8 PM viniendo de Angol a este pueblo el oficial habilitado del batallón 2º de línea con el haber de todo el cuerpo fue sorprendido por cinco bandidos la torre de granadero y el convento de los reverendos padres misioneros, quitándole todo el dinero que ascendía a seis mil i tantos pesos, un revolvers i el caballo ensillado, dejándole después maniatado a un palo.”12 Como se aprecia estos sujetos actúan en grupos más o menos numerosos, cuadrillas a mano armada que tenían como único fin el salteo, un acto casi siempre realizado con premeditación. Las emboscadas se planificaban gracias a la información de los viajes de solitarios comerciantes, buhoneros, oficiales de pago o esperar el paso de cualquier desafortunado que cayera entre sus armas. Este tipo de salteo esta asociado con frecuencia a la soledad de los caminos rurales, allí en ausencia de cualquier tipo de socorro las victimas podían sufrir la peor de sus suertes, la misma que nos cuenta la victima en otro juicio: “Siguiendo por el camino de Pellomenco a esta ciudad como a las ocho de la mañana encontré a dos individuos de a pie que me detuvieron para preguntarme por el camino de las estancias. Díjeles que ignoraba la noticia que me pedían sin hacerme más interrogaciones se abalanzaron sobre mí me echaron caballo abajo i después de maltratarme inhumanamente con palos i piernas me arrojaron a una quebrada atados de pies y manos i con la vista vendada además de maltratarme los bandoleros me robaron mi caballo ensillado... la chaqueta, el chaleco i los pantalones, las botas i la manta. Todas las personas a quien he referido el suceso me han dicho que quienes me asaltaron no han sido otros que Melchor Rocha i Tomás Altamirano fugados de la cárcel de esta ciudad.”13 Aquí se puede advertir la presencia de un compañerismo constante para perpetrar los salteos, estos tipos hacían del delito su forma de vida, desembocando en daños a la integridad de las personas.


El éxito de estos grupos puede también deberse a que en ocasiones eran contratados por los hacendados a fin protegerse de otras bandas rivales. Ello explica los beneficios que gozaban ciertos bandidos, beneficios que eran reprobados constantemente por la población urbana que era quien más perdía con la consecución de estos pactos. El periódico “El Meteoro” de Los Angeles advertía a mediados de la década de 1860 que”Aquí [En Angol] ni hai quien haga lo que se llama justicia, los jueces... no castigan a los facinerosos porque temen que el mundo se de vuelta; de modo que este el punto más peligroso para los hombres honrados, tanto porque pueden perder lo que tienen como... porque el hombre de juicio i honrado clama justicia sin obtenerla se convence que más vale en la Frontera ser ladrón que honrado.”14 En este mismo contexto surgen reclamos desde el diario "El Colono": “Hemos visto a reos condenados por abijeato a la cárcel de Angol, volver a pasearse públicamente por la subdelegación solo días después de haberse hecho efectiva su condena. ¡Un reo condenado sin ulterior recurso puede eludir la acción de la justicia por bastardas influencias!.” 15 Estos pactos se podían filtrar por la personalidad del bandido tan dada a presumir de sus correrías y más aun de sus burlas a la justicia, amparados por una obscura trama terrateniente, los cuales no tenían más opción sin una policía adecuada, que hacer uso de los mismos elementos negativos para la represión del bandolerismo. Además, el apoyo encubierto y obligado hacia esas conductas venía a legitimar el espiral de criminalidad que se instauraba en la Frontera.

La excesiva violencia que ensombrecía los delitos es otro factor que juega a favor de estos sujetos que imponían en vastas áreas y durantes largos periodos un verdadero régimen del terror. A diferencia de sus pares rateros, los salteadores no tenían conmiseración con sus victimas. Al respecto veamos que nos dice una autopsia practicada a una de ellas, el médico explica que “He reconocido profesionalmente el cadáver que fue Pedro Nolazco Núñez i espongo lo siguiente, en el cadáver hai nueve heridas de carácter variable i ocupan tres de ellas el cráneo i las demás están en el dorso. Las heridas que hai en la rejión temporal derecha son graves por comprometer el cráneo, pero las que dieron lugar a la muerte de Núñez son las que están situadas en el dorso por comprometer casi todas ellas los pulmones. De las heridas que hai en la espalda la menor mide tres centímetros i la mayor alcanza a cinco, las que hai en el cráneo miden seis centímetros poco más o menos. Todas estas lesiones han sido hechas con instrumentos punzantes i cortantes a la vez.”16 Núñez fue asesinado por dos sujetos en las inmediaciones de la línea férrea, lugar típico de encuentros y desencuentros de las vidas trashumantes, las lesiones dan cuenta la violencia con la que se ensañaron, por la fecha en que ocurrió el crimen podríamos presumir que los autores estaban bajo los efectos del alcohol. Otro dato interesante son las armas blancas utilizadas, presentes en la mayoría de los casos, todos los salteos producían heridos o muertos. “Un salteo más” titulaba "El Colono", expresando que”El domingo en la noche, a las 8, fue asaltado en plena calle a unos pocos metros de la casucha del puente... un infeliz transeúnte. Los asaltantes le infrinjieron varias heridas con un machete i después de aturdirlo lo estaban amarrando para arrojarlo al río, a fin de borrar las huellas de su crimen. Cuando fueron sorprendidos.”17 No todas las veces las victimas eran tan afortunadas y los salteos terminaban en graves consecuencias, tal como se lee en la declaración de una victima en un juicio por lesiones: “El martes veinte i nueve de abril del ultimo yendo para Huequen, poco después de la punta del sol, encontré en el camino a Raimundo Lepe i otro individuo que montaba un caballo negro. Poco después de las siete como a mitad de camino a esta ciudad volví a encontrarme con Lepe y su compañero que entonces me detuvieron y me colocaron en medio de ellos enseguida el compañero de Lepe me ataco con su arma... Llame a Lepe por su nombre i le pregunte que en nada le había ofendido para que me maltratara de esa manera. Lepe me contesto que iba a dejar en sus manos al caballo o mi vida i casi inmediatamente después su compañero me descargo en la cabeza otro golpe.”18 La violencia parecer ser una constante en estos sujetos que no mostraban la menor consideración por la vida humana, tal como se aprecia en la siguiente declaración de un implicado“Durante esta escena yo conocí a otro de los asaltantes a Cornelio 2° Bisama, muchacho de pésimos antecedentes y a quien la policía vigilaba. Este era el que animaba a los demás, y cuando ya estaba yo en el suelo dijo a uno de sus compañeros que le preguntaron refiriéndose a mí ¿Lo dejamos? ¡Degüellen a ese carajo! Entonces el que preguntaba me dio la puñalada que tengo en el pescuezo.”19

Apogeo y crepúsculo del bandalaje en la ciudad.

La mayoría de los autores relacionan al salteo como un fenómeno rural, sin embargo, el área urbana fue un escenario contemplado para este tipo de delitos, porque la ciudad ofrecía un numero mayor de potenciales victimas: “Un Horrible Asesinato En Angol” titulaba un periódico penquista en 1868: “Como a las 10 de la noche, paseaba el ayudante mayor del batallón 4° de línea don Ramón Lagos por una de las calles de Angol, cuando repentinamente fue acometido por un disfrazado desconocido, el que aserto al infortunado Ayudante cinco puñaladas que le dejaron casi escamine.”20 La prensa era el receptáculo de los vecinos que se veían con frecuencia sobrepasados e indefensos ante los actos criminales de estos bandidos. “El Eco del Sur” en 1883 nos informa que“Casi cotidianos están siendo los salteos que se perpetúan en el puente Reihue, que divide a las dos poblaciones de que se compone Angol. En noches pasadas, el lunes, si no es por el oportuno auxilio que le prestaron dos mujeres que viven allende el rió, asesinan miserablemente a un joven que como a las 12 PM aventuró irse solo para Villa Alegre. Esto sin embargo no es una novedad ni un caso aislado pues de veinte que ven obligados a atravesar el puente en horas avanzadas de la noche son asaltados cinco.”21


Las áreas urbanas también representan un escenario propicio para la práctica del bandidaje, y constituyen su caldo de cultivo, ya que en la atiborrada fisonomía de las ciudades los bandidos podían contar con verdaderas redes de apoyo para planificar sus crímenes... En otro expediente judicial encontramos la siguiente declaración: “me permito poner en conocimiento de Us. Que González i el prófugo Zambrano son individuos de pésima fama i peores antecedentes. Ambos continuamente acojen en sus casas a los malhechores sabiendo que lo son, constantemente le facilitan los medios de ocultar sus armas i efectos i siempre les han suministrado las noticias necesarias para precaverse de la persecución de la autoridad.”22 Este albergue podía obedecer a múltiples motivos, tales como el temor que infundían los delincuentes en sus pares más honrados. También podía obedecer a la necesidad de obtener beneficios económicos de los salteos y por ultimo obedecía a la admiración que sentían por sujetos que se alzaban como héroes, como los únicos que podían responder y hacer frente al panorama de opresión que vivía el mundo mestizo. En otra ocasión nos anuncia el periódico "El Colono", que: “Se encuentran detenidos en el cuartel de policía cuatro individuos que... han confesado que forman parte de una partida de bandoleros que tenían su guarida en los extramuros de la población en el barrio de Villa Hermosa, desde donde salían a hacer sus correrías a los campos vecinos... saltearon a una anciana que vive a no mucha distancia de este pueblo... “23 En otro matutino se lee la siguiente noticia: “El viernes por la mañana fueron encontrados asesinados dos exsoldados del batallón Arauco. Los asesinos después de consumar su alevoso crimen robaron a los occisos cuanto llevaban de algún valor. La celebre Villa Alegre fue el lugar del trajico fin de esos buenos servidores.” 24

La gran cantidad de salteos que iban invadiendo la Araucanía, poco a poco se habían apoderado de la ciudad tenían intranquilos a los vecinos y que enviaban cartas al periódico informando que: “Se están haciendo tan común en Angol la cuestión puñaladas, balazos, heridas, etc.etc. que si quisiéramos podríamos dar día a día noticias de ellas; por lo que nos parece conveniente que el señor juez letrado debe tomar medidas enérjicas a fin evitar este desvorde de crímenes.”25
La urgente necesidad de contar con cuerpos policiales acordes a la realidad, se hacía patente a través de la prensa de la época, "El Colono" se quejaba: “¡Hasta cuando! Dos son las necesidades imperiosas que es menester remediar, sin que admita ya dilación posible... la estinción del bandolerismo mediante la organización de la policía rural...”26 Esta policía adolecía también de recursos, ya que debía atender a una porción de terreno demasiado vasto. Además, era tal la cantidad de bandidos que no daban abasto un pequeño grupo de policiales, al respecto la prensa nos dice: “el hecho de encontrarse la cárcel de Angol enteramente atestada de presos, hasta el extremo de contener el cuadruplo o más de lo que su capacidad permite alojar en buenas condiciones. Apenas se concibe un solo juzgado como sucede en el de esta ciudad, pueda atender oportunamente a la tramitación, estudio i sentencia de más de 160 causas criminales que se encuentran a su cargo en este momento...”27

Otra posible explicación del apogeo criminal puede estar asociada a la presencia del ferrocarril ya que Angol fue durante años el terminal sur de la línea férrea, instrumento de trasvasije cultural que insertó al mestizo en la zona. A dos años de su inauguración este era el panorama según un periodico de Chillan:, “En Angol ya no caben los reos en la cárcel ni hai tampoco como alimentarlos según lo afirma El Malleco, periódico de aquella localidad ‘cerca de doscientos cincuenta reos en un departamento de 2oooo habitantes. I debe tenerse presente que ese número es solo el de los reos actualmente encarcelados. Si agregamos el de los prófugos i el de los dejados en libertad bajo fianza, que según los libros de la secretaria del juzgado de letras no bajan de 60, tendríamos un total aproximado de 300 individuos...”28 Este incremento coincide con la aparición del ferrocarril, alcanzando tal magnitud que las calles aledañas a la estación, el denominado barrio de Villa Alegre se atesto de delincuentes. Al respecto un vecino que escribió al periódico "El Colono" se queja: ”Desde hace algún tiempo señor editor, este barrio tan importante de la ciudad se ha convertido en teatro de bandalaje; pues hai noches que se escalan puertas y ventanas, otras en que se abren forados y se disparan armas de fuego con toda libertad, y por ultimo se hiere a mano armada...”29

Los continuos sobresaltos de los habitantes de gran parte del país, que vivían bajo el régimen del bandido, esto es del Maule al sur, pero con mayor énfasis en la Frontera, había generado un fuerte rechazo de la opinión publica a este estado de cosas, por lo cual se decidió dictar la ley contra el Vandalaje del 3 de agosto de 1876, que bien merece la pena analizar en sus principales disposiciones:

Art. 1: En todos los procesos criminales que se siguieren por homicidio, hurto, robo i accidentes de ferrocarriles, tanto los jueces de primera instancia como los tribunales superiores apreciaran la prueba con entera libertad, i absolverán o condenaran al reo según creyeren en su conciencia que es inocente o culpable.
Art. 3: El culpable de robo o de tentativa de este crimen será castigado con pena de muerte siempre que al mismo tiempo se hiciere reo de homicidio, violación u otra injuria grave de obra contra las personas.
Art. 4 Los condenados por hurto o robo serán castigados además de las penas que a dichos delitos impone el Código Penal, con veinticinco azotes por cada seis meses. En ningún caso se podrá imponer más de cien azotes en virtud de la misma sentencia.30

Ahora bien dos disposiciones de esta ley llaman mucho la atención, la primera es la preocupación que existía en el ámbito gubernamental de las presiones a las que podían estar siendo sometidos los jueces. Como advertimos anteriormente algunos bandidos eran protegidos por los terratenientes, de ahí que se buscara una “entera libertad” en la resolución de los casos. La otra disposición tiene que ver con la imposición de la pena de los azotes, como nos consta, en las cientos de causas revisadas esta disposición se efectuaba con normalidad, aplicándolos a los casos ya estipulados. Es esa normalidad la que hoy llama la atención, los azotes podían ser vistos como una forma de represión para sujetos, que representaban a los ojos del Estado y de la autoridad, simplemente tipos bárbaros que entendían solo mediante ese tipo de castigos, lo cual nos grafica lo lejano que se sentían mutuamente aristócratas y mestizos de la época.

Con la ampliación de la Frontera hacia la totalidad de lo que hoy se conoce como región de la Araucanía los crímenes disminuyen su frecuencia, lo cual llevaba a la prensa a realizar buenos augurios, asi se lee en la prensa: “Desde que fue de dominio publico la seria y enérgica cruzada que se ha emprendido contra el bandolerismo en esta provincia, han cesado como por encanto los asesinatos y salteos a mano armada en nuestros desamparados campos...”31 Inclusive reinaba cierto optimismo entre los medios escritos que expresaban: “... si bien es verdad que acontecen desordenes en algunos barrios y ciertos días de la semana vive la gente tranquila en relación a otros pueblos.”32 Estos otros pueblos son sin duda las recién fundadas poblaciones fronterizas, a ellas les correspondería ahora experimentar la furia del bandidaje.

Pese a este efusivo optimismo, habían ciertos periodos en los que el bandidaje se acentuaba o regresaba a la zona, por ejemplo la prensa evidencia en sus crónicas que “Una nube de bellacos ha sentado sus reales en las inmediaciones de Huequen, los cuales han escogido por ahora el camino público para realizar sus fechorías. En presencia de semejante situación i con partidas de bandoleros en los suburbios de la ciudad, que saltean con toda audacia i descaro en las mejores horas del día, se hace imperioso adoptar medidas que signifiquen una vijilancia más eficaz a fin de reprimir los desmanes de aquellos desalmados.”33 Una explicación posible de estos rebrotes de violencia podría estar asociada a las épocas de cosechas en donde la Frontera era invadida por un gran trajinar de peones y obreros, multitud fantástica que aseguraba la supervivencia de los bandidos hacia comienzos del siglo veinte...