21 sept. 2012

EL HOMBRE QUE INMORTALIZABA...


Existe algo que la  humanidad ha deseado más que todo: vivir eternamente, poder de alguna manera burlar a la muerte y quedar para siempre entre los vivos.  Sé de alguien que sabia este secreto, mas no para sí. Esta es la historia del hombre que inmortalizaba en cada retrato…
No era un mago, pero hacia magia en cada toma que realizaba, estamos hablando de quien por años lidero la fotografía en nuestra ciudad. Proveniente de Lebu, donde nació un 29 de septiembre de 1915, y tras un fugaz paso por Cañete y Concepción, nuestro fotógrafo don Armando Leonel Concha Saavedra, de alguna manera y tal vez sin sospecharlo  echo raíces en la ciudad,  que otro Saavedra,  78 años antes había fundado.

Felizmente casado en 1939 con doña Hortensia Dalidet Fuentes, y con el negocio de la fotografía prosperando en grado tal que, decide incursionar asociandose con el Sr. Amado Ringele, del cual se independizaria un año despues, creando FOTOGRAFIAS CONCHA en 1941. Entregado y dispuesto a profesionalizar la fotografía, don Armando pasaba largas horas en su laboratorio, eran tiempos del ensayo y el error, de descubrir trucos y transposiciones, de colorear a mano el blanco y negro. Fue así como en 1946 adquiere su inseparable compañera una cámara profesional Leica, con la cual estampo las más inolvidables postales del Angol Antiguo, su arquitectura, paisajes y parroquianos fueron inmortalizados con su maestría y perspectiva inconfundibles.

Con el tiempo, se transformo en corresponsal de las revistas VEA, Zigzag y Vistazo; fotógrafo oficial de la Intendencia y la Municipalidad; del Juzgado de Policía Local y el Instituto Agropecuario; del Museo “El Vergel”, fotografiando todas sus piezas. Organizo varias exposiciones fotográficas, sobresaliendo en 1954 “Bellezas Angolinas”, inspirada en la repentina perdida de su hija Gloria Irene; “Cordillera de Nahuelbuta”, dejo gratos recuerdos al ser las primeras tomas del Parque Nacional. Además en la década del 70´ fue autorizado para utilizar el formato fotográfico de la cedula de identidad de la época,  conservándose a la fecha registros de mas de 10.000 angolinos.

Don Armando, tenía su estudio en calle Caupolicán y fue allí donde se revelaron los sucesos más extraordinarios del siglo pasado en nuestra ciudad: terremotos del 49´, 60´ y 75´, inundaciones, visitas ilustres, Aniversarios de Angol, matrimonios y licenciaturas, bautizos y funerales, todos inmortalizados bajo un solo lente.  Don Armando Concha falleció en Angol en 1995, con descendencia en sus hijas Carmen Rita, María Isabel y Carlota Ivonne.  Aunque algunos dicen, que el primer requisito de la inmortalidad es la muerte…
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LA ALAMEDA DEL OLVIDO…



A propósito de la nueva modernidad urbana que se nos viene con el Eje Bonilla y los flamantes puentes sobre el Vergara, he querido recordar hoy la historia de nuestra principal Avenida, puerta de entrada de Angol. Nacido a partir del Puente,  como un camino para continuar la ocupación de la Araucanía el año 1868, por  allí  pasaron los batallones que crearían la Línea del Malleco, del que Huequen seria  el primero de 7  fuertes militares. La Avenida en sus inicios marco el límite de la ciudad, y sus habitantes hasta la década del 30`afirmaban que Angol llegaba hasta el Puente, mas allá estaba el Pueblo Nuevo (Coñuñuco), Villa Alegre (La Estación) y fundos (Los Rieles)
En 1871 la Avenida recibe primer nombre “Huequen”, con el que se conocería por muchos años, se caracterizo por un Barrio Industrial con la Fundición Brown  y otros comercios hasta  el cruce del Ferrocarril, desde allí el paisaje mutaba en una romántica Alameda, bordeada de   Casas Quintas, hasta su encuentro con el entonces lejano Huequen, que de fuerte había pasado a una pequeña subdelegación, dependiente de Angol.
Los primeros trabajos de adoquinado se realizaron en 1918 y comprendió el tramo Puente-Línea férrea,  adjudicada a la firma Fresard, contemplo 10 metros de ancho incluidas las veredas de tres metros de ancho. En tanto la brigada de scout del Liceo de hombres se encargo de plantar Tilos en este tramo, desapareciendo la hilera de Castaños que existía en la Plaza Bunster, por entrar en la línea del trazado de la obra. En 1936 comenzaron los trabajos de pavimentación de la Avenida, desde el Puente a Huequen, en total 2740 metros por 6  de ancho, por la firma Valdovinos y Guarda, financiada con aportes estatales y de hacendados particulares. La obra en concreto de 15 cm de espesor fue el emblema del progreso local,  la losa gloriosa por la cual pasaron tantos desfiles, campañas militares, fiestas de la primavera, cortejos fúnebres, accidentes mortales. En 1972 pasa a llamarse Avda. Dilmann Bullock, y Bernardo O’Higgins desde calle Colonia al Puente.  La Vía de tantos olvidos, sucesos que el tiempo ha guardado, fue remodelada en 1992 ampliándose las vías en ambos costados,  se prepara ahora para una nueva transformación.

LAS PRIMAVERAS DEL OLVIDO.



En estos  días en que se anuncian las bajas temperaturas se añora  una antigua tradición que nos recuerda días más cálidos: Las Fiestas de la Primavera.  Nunca imaginó don Valentín Letelier, rector de la Universidad de Chile en 1907 que, al fundar la Federación de Estudiantes, iba a establecer una tradición, a partir de 1910, que, durante gran parte del siglo XX, hizo vibrar, reír y luchar a la juventud, quienes, abrían la puerta a la estación de las flores con una actividad que se mantendría en el tiempo y se extendería por Chile con el nombre de Fiesta de la Primavera.
Santiago dio la pauta en 1915. Se sabe de fiestas anteriores, pero a partir de ese año la costumbre será imitada en todo el país. De pronto la juventud sin voz y sin actitud, adquiere presencia, fuerza, estilo y espacio, en nuestra ciudad se comenzó a celebrar a partir de 1920 año en que fue reina la Srta. Lucinda Fernández Serrano. Las jóvenes de familias acomodadas y distinguidas de la sociedad salían a buscar su corona con fervor y entusiasmo. Participaban principalmente los alumnos del Liceo de Hombre, Liceo de Niñas y las alumnas de la Escuela Normal. Se luchaba y se ganaban votos en buena lid, eran elecciones apasionadas, donde también se integraban con similar pasión los adultos.  Las principales actividades eran la Velada Bufa, el Circo Primaveral, Noche de ensueño,  Concurso de Variedades,  Murgas y Comparsas. En la década del 30, los habitantes se enmascaraban para las principales actividades. 
Todos eran parte de las comisiones de los votos. Muy recordada es la velada bufa del año 1961 con la cual se inauguro el Gimnasio Techado;  los  bailes de honor  se efectuaron en las canchas de tenis por varios años. Se competía en ingenio, buen gusto, alegría y creatividad.  Algunas de las reinas de la Primavera mas recordadas son Gabriela Jarpa Pimentel;  Sofía Parant en la década del 50; Beatriz  Heyerman,  Sara Ahuile,  Haide Topali, Mariela Sierra,  Mónica Jarpa, Carmen Santa María, entre otras.
En Angol no solo se ungieron soberanas, también emergieron poetas que lograron fama al obtener el primer lugar del certamen denominado Canto a la Reina, donde un admirador, debía ensalzar la belleza de la joven monarca.  Todos escribían poemas elocuentes, plenos de inspiración para la dama que los oiría. Era un canto a la juventud, también a la vida, al renacer de los colores en la naturaleza. Recordados son los poemas de un joven Cesar Roa Villagra. Todo este mundo fantástico finalizo con el Golpe de Estado en 1973, las restricciones al derecho de reunión, los toques de queda, hacían imposible seguir con estas celebraciones. Tras la vuelta a la democracia la juventud era otra, sin tradición ni herencias, hoy queda solo el recuerdo de las primaveras del olvido. 

A MI ME GUSTA LA HISTORIA DE ANGOL

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Buenas Noches estimados  miembros y periodistas que nos acompañan:
Mi nombre es Sergio Martínez Vigueras, Profesor de Historia e Historiador, quiero compartir brevemente los sentimientos que afloran en este momento.
La ciudad de Angol posee una valiosa Historia, muchas veces olvidada por los mismos angolinos, que prefieren buscar en lo foráneo,  las glorias que nosotros tenemos de sobra  en los últimos cuatro siglos de historia
Esta asociación que hoy adquiere cuerpo legal, tiene su origen un 3 de junio del año 2009, cuando,  no se si por azar o cosas del destino, tome las pocas fotos del Angol Antiguo que tenia y las publique en Facebook con el lema “A mi me gusta la Historia de Angol”, frase que con el pasar del tiempo se ha ido fortaleciendo y traspasando de perfil en perfil. En los inicios,  era impensado tal vez imaginarse el rumbo de esta idea, y  que la pasión por saber del pasado, iba a generar tantas emociones. Como no emocionarse cuando algunos se encuentran fotográficamente con el padre, el abuelo, el hermano, la maestra… o al descubrir la hermosa arquitectura  angolina que a lo menos cinco terremotos nos arrebataron.
En este día en el cual nuestro grupo se viste de pantalones largos,  sé, que el equipo que hemos conformado es amante de esta tierra y que no defraudaremos a tantos angolinos que nos siguen en todo el mundo a través de internet. A ellos quiero agradecer por colaborar ya sea con imágenes o comentarios en nuestro gran archivo digital, nombres como Alberto Salazar,  Luis Bustamante, Roger Lagniel, Manuel Galaz, Jorge Malig, Hernán Rojas , Wally Bunster, Rolando Poblete,  Manuel y Rosana Villavicencio, Héctor Alarcón, que nos abruman con sus aportes. Reconocer también a los más cercanos como Ricardo Jara, Juan Vargas, Ivonne Concha, Carmen Novoa, Aquiles Arévalo, Fito Gallegos,  Obdulio Valdebenito, Luis Obreque, Carlos Cerón, Camilo Tapia, Luis Venegas, Felipe Vargas, Willy Quintana, Rodrigo Medina, Carlos Poblete, Verónica Provoste.  También a quienes gentilmente nos dejan acceder a sus fotografías: nombre como Iván Rifo, Wellington Rojas , Verónica Menares, Patricia Fuentes, María Inostroza, Evelyn Ortega, Alba Salinas, Alejandra Garrido, Carlos Pereira, Faride Díaz, Manuel Villavicencio, Juan Francisco González, Guillermo Sepúlveda, Julio Bravo, Mariela Fuentes, Marcia Pérez, Marina Riquelme, Miguel Garcés, Orietta Fernández, Pedro Ugarte, Sergio San Martin, Vivian Salinas, Benjamín Jara, Carlos González, Fernanda Decher, Pili Montesinos, entre otros que han disfrutado de tantos  recuerdos. Solamente me queda agradecerles,  mirar el porvenir de esta asociación, que enfrenta nuevos desafíos y poder decir en un futuro cercano que somos muchos mas a quienes “Nos gusta la Historia de Angol”.
Muchas Gracias.
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DE COMPRAS EN 1925…




En la intersección de las calles Caupolicán y Vergara, donde actualmente funciona el Liceo Comercial de Angol, hace mas de 90 años funcionaba el Establecimiento Comercial  “Zambelli, Bustos y Compañía”- tienda que contaba con muchos departamentos y que  seguía una vieja tradición fronteriza de tiendas misceláneas mayoristas, con ferreterías  y mercerías de los más diversos artículos, desde maquinarias hasta ropa y alimentos para los colonos que vivan en la Araucanía. Muchas son las tradiciones que han desaparecido como la habitual señal que anunciaba la llegada de productos: bandera roja anunciaba a llegada de carne fresca; bandera blanca pan; bandera amarilla o blanca remates de ocasión. El comercio cerraba de 12 a 13:00 horas de la tarde, en invierno se atendía hasta las 19:00 y en verano hasta las 20:00 hrs. Los sábados hasta las 22:00 horas.
En la esquina que recordamos, echemos un vistazo a algunos de sus productos: Alimentos como arroz sublime, azúcar penco, conservas Pentzke, galletas Hucke, fideos surtidos en cajones de 25 libras, yerba en cilindros, café de higos, de trigo. Fósforos de las marcas bandera o cometa;  Insumos agrícolas: grasa de pino, aceite de linaza, abonos como azufre sublimado, fosfato de cal. también maquinarias como: arados, azadones, desgranadoras, desinfectadoras, destroncadoras, deshojadoras, desparramadoras, esquiladoras, estalladores de minas Dinamita Hércules, bombas para pozos, bombas a vapor, bombas para cerveza o vino, . Artículos como Betún Nugett, jabón mundial, jabón flechas. Palas inglesas, aceite Polarine para autos neumáticos y cámaras, impermeables, botas de goma, etc.
Productos y marcas que disfrutaron nuestros abuelos y algunas que aún se mantienen,  en las viejas tiendas de antaño, algunos supermercados del pasado memorables fueron Casa Francesa de Serra y Cía. Casa Villouta,  Almacén “El Águila” de Max y Gustavo Schwazenber, Clodomiro Concha, Antonio Rocha, Almacenes “La Gran Vía” que iremos recordando en nuestra máquina del tiempo.

LAS REVISTAS DE GIMNASIA.



Hoy recordaremos una costumbre que promediando el siglo pasado constituía una verdadera tradición: las Revistas de Gimnasia. Surgen de un modelo educativo que daba importancia al  movimiento y el juego como instancias que posibilitan el conocimiento entre las personas, además de permitir un desarrollo armónico de los alumnos. La idea era mostrar a los resultados de las prácticas deportivas realizadas durante todo el año lectivo, para lo cual las niñas y profesoras elegían la actividad deportiva de su gusto y la exhibían a públicos de todos los estratos sociales que se reunía para disfrutar del espectáculo.a la comunidad, pero sobre todo a sus padres.
La acogida por parte de los alumnos es el aspecto que destacan las profesoras de antaño, las cuales promovían el trabajo en equipo y el manejo colectivo. La destreza y coordinación de las niñas eran enfatizadas por las educadoras, también estas actividades eran la ocasión para dejar plasmado en una fotografía todo un esfuerzo mancomunado.
Estas actividades se iniciaban con el desfile de los alumnos participantes, los cuales, una vez formados, cantaban el himno nacional. Luego venían los bailes de distintos países: españoles, italianos, carocas, entre tantos otros. Había danzas y esquemas rítmicos, las rondas estaban a cargo de las más pequeñas, también se presentaban esquemas de destrezas, patinaje con “música moderna…” danzas con abanicos, pañuelos y quitasoles. La prueba clásica consistía en realizar coreografías o ejercicios perfectamente sincronizados en una cancha trazada para la formación de cuadros de unos 50 a 90 alumnos aproximadamente,
Los establecimientos locales, igualmente, competían entre ellos a través de muchas programaciones extraescolares realizadas por Inspección de Educación. Se organizaban barras y murgas para apoyar a los suyos y lograr quedarse con el primer lugar siendo muchas veces superada la cordura por la exaltación de los barristas en las múltiples competencias deportivas realizadas primeramente en el Cuartel Plaza del Regimiento Húsares que estaba en el Centro de la ciudad, luego se celebraron en el Estadio Fiscal, o en el Cuartel Freire actual Regimiento. Esta fue una tradición que se mantuvo hasta épocas recientes y que aún queda en la memoria de los habitantes de nuestra ciudad.

EL TERREMOTO DE 1939.



Nuestra ciudad,  tantas veces destruida en la época Colonial y vuelta a repoblar,  bien podría decirse que después de eso ha debido  renacer de las cenizas nuevamente al menos en tres oportunidades, proceso que  acrecienta su fama de Ave Fénix de la Frontera. Y  me refiero con ello a otra destrucción, pero ahora en manos de la naturaleza.
La apacible tranquilidad angolina se sacudió de pronto un 24 de enero de 1939 a las 23:35 horas, con un terremoto de una intensidad de 7,8 grados Richter.  Fue entonces el momento en que el Angol de adobe comenzó otra vez a ceder, el menaje fue lo primero en caer, las tejas de las casas producían un ruido ensordecedor, los gritos de incontables vecinos, el polvo y luego el silencio…  seguido de gritos lastimeros.
Las víctimas fatales fueron por suerte un par de decenas, los heridos derivados al maltrecho hospital. En tanto una Comisión de Arquitectos verificó que la ciudad quedo en pésimas condiciones, la mayoría de las casas sin techos.  Muchos edificios de la época se desplomaron: la Comisaria de Carabineros, el Centro Social de Empleados, el Centro Social de Panificadores, la Pastelería Garrido, el  Juzgado, la Cárcel. Otros con graves daños tuvieron que ser demolidos tiempo después,  tales como el Templo Parroquial La Matriz que fue reparada y demolida en 1947, peor suerte corrieron el Hotel Savoy, el Asilo de Ancianos, la Panadería Francia, la Panadería Colon, el Hospital, el ex Edificio de Correos,  la Caja de Seguro Obrero, el Liceo de Hombres, el Hotel Galán, el Teatro Municipal, que hubo que demoler. Los servicios se trasladaron a la Escuela N° 1 y el Liceo de Niñas edificios menos golpeados.
Se construyeron tres galpones con capacidad para 500 personas cada uno, a fin de amparar a los que quedaron sin hogar; se fue en ayuda de casos de indigencia y se fijaron precios máximos para artículos de primera necesidad como harina, azúcar, etc. Se estipulo la pena de azote para los especuladores de estos productos;  se cerraron las cantinas y botillerías para evitar la ebriedad de los obreros que se necesitaban en las faenas; se obligo a las fabricas de ladrillos y tejas a trabajar en máxima capacidad para la reconstrucción. Las noticias del terremoto llagaban a través de telégrafo y de la prensa, la Empresa Gasparini convirtió la cancha de tenis del Liceo de Niñas en improvisado cinematógrafo exhibiendo la cinta “Chillan, la Mártir” en donde los angolinos pudieron ver la magnitud de la tragedia en esa ciudad, y a  pesar de estar severamente dañados, aún tuvieron solidaridad enviado ayuda, así también a Concepción. Para evitar que se repitiera la historia, la presa de  la época aconsejaba construir con la noble madera que había soportado el movimiento antes la débil fortaleza del hormigón… pero a veces la Historia se  olvida.

COÑUÑUCO, UN BARRIO CON HISTORIA.



Este antiguo barrio se remonta al año 1895, cuando don Manuel Bunster Villagra  los pone en venta,  creando  gran expectación, se trazaron seis manzanas con sus calles, todas marcadas “a cordel”, comenzando por Agricultura (Osorio), Los Confines,  Industria (I. Roa), Rodríguez y Carrera sus ejes neurálgicos. La población  Bunster o  el “Pueblo Nuevo” como se le llamo en un principio, con su propia Plaza,  comenzó con  casas y quintas de recreo y varios comercios.  Fue tanto el impulso que alcanzo este barrio, que se pensaba construir otro puente para unirlo con calle Lautaro, idea que jamás se concreto.
Su popular nombre esta dado por el estero que lo cruza: el Coñuñuco, que domino durante décadas su paisaje con puentes en calles Molina y Almagro, entre otras.  Rápidamente se convirtió en un Barrio Industrial, tenía su propia Panadería, Curtiembre (1904) de Beneventti,  Matadero Municipal (1894), Fábrica de Tejas Marsellesas  de Maturana (1895); de Tubos  y Baldosas (1928) de Medina, mueblerías  y otros talleres similares.
Nuevos aires adquiere cuando se termina el Puente Vergara II que lo une con calle Colima; será el Puente, quien  exportará la Bohemia de calle Covadonga, hacia Coñuñuco,  por las noches el barrio se transformaba, los aires picaresques se apoderaban de calles Confines, Carrera, Molina, Rodríguez, donde conocidos parroquianos, hacían románticamente “las noches día”,  sumidos en los  perfumados brazos de hermosas meretrices…
Este ambiente contrastaba con la luz del día, en donde se podían ver multitud de niños, jugando alrededor de la capilla, con  sus clases de catecismo los sábados y domingos; entretenidos al ver pasar la caballería del Húsares en tantos desfiles o campañas;  correteando por el Cementerio;  o más allá mojando la camiseta en el Campeonato de los Barrios…. Recordar también su antigua  Escuela,  por años la Nº 4,(Hermanos Carrera) que  fue remodelada con aportes Estadounidenses a principios de los ´60 a raíz de la “Alianza para el Progreso” que buscaba impedir el avance del comunismo en plena Guerra Fría, algunos aun recuerdan cuando se entonaba el himno de los Estados Unidos en cada acto cívico.  Esta es la Historia de Coñuñuco, un lugar que aun encanta con su magia de antaño, y que renace con el tesón  que día a día entregan sus queridos vecinos.

19 sept. 2012

LOS SABORES DE ANTAÑO



Son muchísimos los Establecimientos de comida que a lo largo de la Historia han sido el deleite de los angolinos, y muchas las familias que han quedado para siempre en el recuerdo de quienes fueron sus clientes. Recordemos someramente algunos de ellos…
En virtud de los servicios que ofrecían,  los locales de comida se dividían por clases los de primera  que tenían servicio a la carta tales como los grandes Hoteles que desde el siglo XIX lideraron la buena mesa como el Hotel Francia, Hotel Angol, Hotel Galán, Hotel Plaza, El Club Angol, todos ellos tenían ademas salones para distintos usos, de juegos, de recepción, etc.
Hacia 1935 “El Centro Social de Empleados”  de don Oscar Labarca ofrecía almuerzos, pensión de mesa y viandas, además de salón de billares y palitroque, y su patio veneciano con orquestas los sábados y domingos. En la misma línea existieron locales que servían a la carta y otros servicios por ejemplo,  mediados de siglo pasado se inauguro un local característico de calle Prat, el “Chiu-Chiu” que tenía una terraza con vista al rio Picoiquen, y que después cambio a Restorán “Ochoa” ofrecía almuerzos, onces – comidas y además reparto a domicilio.   
Luego venían  esos otros locales malamente catalogados de segunda, en donde la comida criolla se expresaba en todo su esplendor: asaltaban sus vidrieras y estanterías a la calle con cabezas de chancho monumentales, uñitas a la chilena, cazuelas y un cuanto hay; en esta línea podemos ubicar al desaparecido Bidu, un Restorán de culto entre los angolinos que le conocieron, allí se estreno uno de los primeros televisores públicos en Angol. Precursores de esta línea son los aun vigentes Restoranes de “Unión de Artesanos”, “Legión Militar”, “Carabineros en Retiro”; “El Club Radical” entre otros. También destacan otros que se ubicaban en la periferia o lejanos al Centro tales como: “Ñublense”, “La Morenita” en calle Chacabuco, “El Deportista” en calle Rancagua; “La Piedra”, “El Pollo Dorado” en calle Colipi; La Nave” en calle Artesanos; “EL Nahuelbuta” en el Cañón;  “El Lotino” en Huequen. Recordado es  el Bar Restaurant “La Copucha” de Santiago Sanhueza, en O’Higgins,  atendía de 8 de la mañana a 5 de la madrugada, ofreciendo mariscos permanentes y reparto de viandas a domicilio. Otro establecimiento de esta época era “Restorán Basoalto” ubicado en Bunster 533 con comida de casa o criolla como se le decía entonces.
Clásicos hacia fines de siglo XIX fueron los Cafés ubicados en el barrio de Villa Alegre en torno a la Estación de Ferrocarril, tales como el de Ana v. de Jouvensel, de María Jara en calle Maipú, o el de Victoria Shorer en calle Artesanos. Similar  era el Salón de Té, uno de los más antiguos era el de la Pastelería Central frente a la Plaza de Armas propiedad del alemán Otto Heyl que ofrecía té, chocolate caliente, berlines, pasteles. Como no recordar el Salón de té de la pastelería Garrido que reunía a la sociedad de la época, y que en sus inicios era un Restorán, visitado asiduamente por empleados bancarios; en la “Garrido” se efectuaban también  inolvidables fiestas de cumpleaños infantiles y espectáculos de títeres,   famosas eran su  leche con plátano y pasteles inigualables que aun hoy se pueden degustar.

Luego harían su aparición las populares Fuentes de Soda  caracterizadas por ser fabrica de helados y expendio de bebidas cola. De las más recordadas: “La Central”  propiedad de la familia Fuica al lado del Teatro Rex con su recordado wurlitzer y su fábrica de helados. La de Emilio Batarce que funcionaba en la esquina del Teatro Municipal y que era paso obligado de los bañistas hacia “La Peta”. Otra Fuente de Soda  fue “Pozolli” ubicada en calle Lautaro propiedad de  Carmela Valdebenito; la del Sr. Aroca en Lautaro esquina Julio Sepúlveda. Como no recordar las Fuentes de soda que se ubicaban en El Mercado, por entre sus recovecos y almacenes.  “El Oasis” de O’Higgins esquina Pedro de Oña; El “Palibar”  en la misma calle. Gratos recuerdos entres los angolinos de los ´80 dejo el afamado “Café Real” en Bunster esquina Lautaro; también el “Café Stop”, actual “La Rueda”; las Fuentes de Soda “Gilos” y  “Donde Julio” en la Avenida, también desaparecidos.
Y regresando con los Restoranes memorables, como olvidar “El Quijote” por Aguirre Cerda frente al cuartel de Bomberos; “Gol y Gol” en O’Higgins con Bilbao; “El Deportista”  y “Flores” en calle Caupolicán”; “Elibrant” en calle Prat, “El Democrático” por Lautaro. Son tantos y tantos los nombres, que mas de alguno quedara fuera de la lista, pero no de la memoria de sus comensales que todavía guardan  una sinfonía de sabores  y aromas que ya no volverán.