28 dic. 2013

NUESTRA LITERATURA

Angol  siempre se ha afirmado que es cuna de poetas, como no, es cosa de recordar solamente: Pedro de Oña, Diego Dublé, Antonio Acevedo y a nivel local, pero no por ello menos importantes: José Elías Bolívar, Cesar Roa Villagra entre otros.  En este sentido ¿quién sabe cuánto han influido las Revistas Literarias en todas esas brillantes mentes?
La primera actividad literaria propiamente tal que se conoció fue “El Ateneo” fundado en 1903 sus miembros celebraban sesiones  en el Salón del periódico “EL Colono”, cedidos gentilmente por uno de sus fundadores don Temistocles Conejeros, quien junto a Manuel Oyarzun y Manuel Barría se encargaron de darle formación, y de reunir en tertulias a gente ligada al Arte.
Posteriormente se formaron varias Revistas Literarias: “La Revista de Malleco” de 1913, Dirigida por el periodista y Poeta Pedro Garrido;  y la Revista “Araucanía” de 1916, a cargo de José Luis Osorio con la colaboración de Cesar Bunster. Otra Revista de excelencia fue “Fénix” de breve duración fundada en 1934; asimismo “El Reflejo” de 1946.
Otra Institución que aporto al mundo de las letras fue el Liceo de Hombres, ya en 1932 crean su primera Revista Literaria “Minerva” y en la década del 60´la muy recordada “Revista Rehue”, publicación fruto de la Academia Literaria Pedro de Oña. Estas Revistas daban a conocer obras de los jóvenes valores que tenía el Liceo, y aportes de ex alumnos con sus hermosas creaciones. También debemos recordar acá las múltiples actividades y Talleres implementados por las alumnas de la Escuela Normal de Angol, en el ámbito literario.
Como olvidar la inmensa labor desplegada por el Grupo Literarios “Los Quijotes” liderados por Cesar Roa Villagra, y en épocas más recientes la fecunda labor realizada por la agrupación Literaria “Crisol” en el cual se destacan Lina Escobar Baeza. Fecunda es la labor que también desarrollan el Grupo de lectores de la Biblioteca Municipal de Angol: Violeta Méndez, Mercedes San Martín y Elfrida Montero. Carmen Soto, Miguel Martínez, Zunilda Guzmán, Florentino Morales, Carmen Novoa, Norma Aranguiz ,Amalia Abad, Wellington Rojas, Gaspar Burgos, entre muchos otros amantes de la literatura, que sin duda hacen renacer todavía ese viejo dicho “Angol cuna de poetas”…



NUESTRA LITERATURA

Angol  siempre se ha afirmado que es cuna de poetas, como no, es cosa de recordar solamente: Pedro de Oña, Diego Dublé, Antonio Acevedo y a nivel local, pero no por ello menos importantes: José Elías Bolívar, Cesar Roa Villagra entre otros.  En este sentido ¿quién sabe cuánto han influido las Revistas Literarias en todas esas brillantes mentes?
La primera actividad literaria propiamente tal que se conoció fue “El Ateneo” fundado en 1903 sus miembros celebraban sesiones  en el Salón del periódico “EL Colono”, cedidos gentilmente por uno de sus fundadores don Temistocles Conejeros, quien junto a Manuel Oyarzun y Manuel Barría se encargaron de darle formación, y de reunir en tertulias a gente ligada al Arte.
Posteriormente se formaron varias Revistas Literarias: “La Revista de Malleco” de 1913, Dirigida por el periodista y Poeta Pedro Garrido;  y la Revista “Araucanía” de 1916, a cargo de José Luis Osorio con la colaboración de Cesar Bunster. Otra Revista de excelencia fue “Fénix” de breve duración fundada en 1934; asimismo “El Reflejo” de 1946.
Otra Institución que aporto al mundo de las letras fue el Liceo de Hombres, ya en 1932 crean su primera Revista Literaria “Minerva” y en la década del 60´la muy recordada “Revista Rehue”, publicación fruto de la Academia Literaria Pedro de Oña. Estas Revistas daban a conocer obras de los jóvenes valores que tenía el Liceo, y aportes de ex alumnos con sus hermosas creaciones. También debemos recordar acá las múltiples actividades y Talleres implementados por las alumnas de la Escuela Normal de Angol, en el ámbito literario.
Como olvidar la inmensa labor desplegada por el Grupo Literarios “Los Quijotes” liderados por Cesar Roa Villagra, y en épocas más recientes la fecunda labor realizada por la agrupación Literaria “Crisol” en el cual se destacan Lina Escobar Baeza. Fecunda es la labor que también desarrollan el Grupo de lectores de la Biblioteca Municipal de Angol: Violeta Méndez, Mercedes San Martín y Elfrida Montero. Carmen Soto, Miguel Martínez, Zunilda Guzmán, Florentino Morales, Carmen Novoa, Norma Aranguiz ,Amalia Abad, Wellington Rojas, Gaspar Burgos, entre muchos otros amantes de la literatura, que sin duda hacen renacer todavía ese viejo dicho “Angol cuna de poetas”…


ESOS TRISTES VAGABUNDOS.

En la apresurada vida del angolino moderno, existen algunos que han optado por la del vagabundo,  un individuo que tiene, voluntariamente o por las circunstancias, un estilo de vida errante en una sociedad sedentaria una persona holgazana u ociosa que anda errante de una parte a otra, sin tener oficio ni domicilio determinado.  En nuestra ciudad se da un triste fenómeno:  el homenaje póstumo realzando la figura de un vagabundo, que cuando vivía fue sistemáticamente rechazado, discriminado y marginado, es así como la muerte santifica al vagabundo, melancólica paradoja que hace surgir oleos y poemas en honor al errante. El caso más famoso es el de “champita”, también conocido como  el “sansón”, el “viejo del saco” o “Goliat”, se caracterizo por su mutismo con los adultos y su locuacidad con los niños, nunca pedía, dicen que con su mirada tocaba el corazón de la gente; de su origen se tejió el mito de que era profesor, o que muerta su familia en un feroz accidente se había hecho mendigo. Investigaciones del historiador Hugo Gallegos demostraron que se trataba de Manuel Segundo Muñoz comerciante procedente de Santiago…
Otros vagabundos más antiguos fueron el “charcheta”, el “arañita”, el “paipa”, el “mono de fierro”, la “vieja parafina”, el “loco Molina”, la “Nancy loca”. Todos personajes errantes dejando en su caminar una estela de indiferencia, algunos por voluntad o deficiencias mentales,  se hicieron atorrantes y hediondos, haciendo de su compañía jaurías de perros, o la soledad del camino.
El vagabundo antiguo más famoso fue “Diógenes” un  filosofo griego que convirtió la extrema pobreza en una virtud, decía que la ciencia, los honores y las riquezas son falsos bienes que hay que despreciar;  Diógenes caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, dormía en los pórticos de los templos envuelto únicamente en su capa y tenía por vivienda una tinaja. De su filosofía se inspiro “el mal de Diógenes” en relación a quienes acumulan desperdicios. Asimismo en la India los vagabundos son venerados y respetados por la población, como renunciantes de la vida mundana, deambulan por las ciudades o los bosques en búsqueda de la liberación.


Dicen que los homenajes se hacen en vida y así lo han entendido algunos como el fotógrafo aficionado Camilo Tapia quien en su Facebook, posee un Álbum llamado “Cuatro caminos” serie se intenta rescatar la identidad local de la ciudad que desaparece con la modernización. Allí se homenajean vagabundos tales como Claudio el “chipiripipi”, Manuel el “mala lana”, la “vieja de los perros”, “Américo” fallecido recientemente, “Marcelino”… un pintor anónimo que vive bajo el Puente Vergara. Lamentablemente son homenajes virtuales,  la realidad sigue su curso estos errantes contemporáneos que tal vez no busquen homenajes, oleos o poemas, solo comprensión, caridad o una sonrisa para esos tristes vagabundos.

LOS CARRUAJES DE ANTAÑO

Entre tanto automóvil que a ratos colapsa nuestra ciudad, entre tantos taxis “colectivos”  que inundan las calles, y que se caracterizan por su casi siempre buena atención y los constantes roces entre clientes y choferes.
Hace 100 años las cosas no eran  tan distintas, en vez de colectivos habían Carruajes, un transporte mas elaborado que los burdos carretones originario del siglo XVI, y se caracterizaba por  que podía transportar cuatro  pasajeros sentados de frente, conducido por una persona que era llamado “chauffers”, termino francés que derivo en la palabra que conocimos en la actualidad. Existía en esa época el “Servicio de Carruajes Públicos” era el encargado de regular las tarifas y recorridos del servicio, debido a los contante problemas entre usuarios y cocheros, ya que cobraban tarifas muy elevadas.
Hacia 1911 existían en Angol 15 Carruajes para las 8.000 personas de la ciudad, y  las tarifas se regulaban dividiendo la ciudad en dos partes: al oriente y al poniente del Puente Rehue (actual Vergara N°1). Dentro de cada sección la tarifa era de 20 centavos y de una sección a otra 40 centavos. Un coche a la Estación  con derecho a cuatro asientos 1 peso. Si el Carruaje era arrendado por hora se pagaba 1 peso 50 centavos. El viaje al Cementerio valía 3 pesos, sin importar el número de pasajeros o el tiempo, y las multas en caso de cobros indebidos llegaban a los 20 pesos.  Ese año precisamente se declaro una  “Huelga de los cocheros” por diferencia en el cobro al cementerio ya que los choferes cobraban cuatro pesos…
Posteriormente los Carruajes se hicieron parte del paisaje urbano, usual era encontrarlos Estacionados en una esquina de la Plaza de Armas, esperando pasajeros. El Servicio Público de carruajes funciono hasta la década del 40´, siendo reemplazados por los “Taxis” de mayor comodidad, velocidad, transporte que domina las calles angolinas hasta nuestros días.

CARRUAJE ANGOLINO AÑO 1925

LA XENOFOBIA ANGOLINA

Desde tiempos inmemoriales sepa Ud. El ser humano ha practicado la xenofobia, término que hace referencia a un miedo hacia el forastero, un prejuicio arraigado en el individuo y en la sociedad que se manifiesta en su forma más leve con la indiferencia, la falta de empatía hacia el afuerino, llegando en los casos más extremos a la agresión física. Este fenómeno de la xenofobia tiene sus orígenes en la Grecia Clásica, en ciertos escritos platónicos en donde se sobrevalora a “la polis”, a la propia cultura en menoscabo de las demás.
Este es un fenómeno que a nuestra ciudad de Angol no le es ajeno, y al contrario de lo que podría pensarse, es una práctica casi cotidiana. Muchos ilustres ciudadanos han sido objeto de xenofobia en algún momento de su estadía en nuestra bella ciudad... Típicos son los comentarios: “Este tal por cual se las viene a dar aquí y no es ni nacido acá” o “ese gallo viene a puro ganar plata…”, o “Este señor no tiene la estirpe de los Fundadores de la ciudad”. Xenofobia puede considerarse también la costumbre inveterada de la prosapia los apellidos, mientras más abolengo y prestigio tenga su apellido, nada le costara entrar en los íntimos círculos sociales angolinos.

La xenofobia, sin embargo, es un mal pasajero, un mal que se extingue casi siempre con la muerte del afectado. Claro la muerte santifica y obra cual bálsamo que ensalza las obras de aquellos que no tuvieron la suerte de nacer en la mítica ciudad de Los Confines. Ahora veamos algunos ejemplos y me encontrara Ud. La razón: El destacado Doctor Mauricio Heyermann Torres nacido en Santiago y radicado en Angol hacia los 26 años de edad, pese a ser un filántropo y excelente profesional, era la comidilla preferida de algunos que criticaban su licenciosa vida privada… Otro caso es el Norteamericano Dilmann Bullock Agrónomo y arqueólogo autodidacta, descubridor de la Cultura Cofqueche, no faltaron quienes comentaron “que tal teoría era una falacia, un invento del gringo nomas….” Relegando a Bullock al estrecho círculo de científicos santiaguinos. Otro caso es José Elías Bolívar, profesor, poeta y editor, una lumbrera cultural como pocas han llegado a Angol, ante la solidez de su obra, no faltaron quienes alzaron la voz cuestionando sus “preferencias sexuales”… La lista es interminable si nos vamos al ámbito político, literario, comercial, etc. Solo con la muerte, “la deuda que todo hombre paga”, se vanaglorian las obras del difunto, aparecen monumentos, calles, nombramientos póstumos de aquello y esto otro. Parece que la xenofobia, uno de nuestros defectos más severos e intocados, “un secreto a voces” dirían algunos,  un tabú cotidiano nos impide alcanzar el tan ansiado Progreso. Es hora de que veamos los claros aportes de los “afuerinos” y hagamos de esta ciudad el orgullo de la Araucanía.

EL MEDICO DE LOS POBRES.

Existen muchas formas de ejercer la filantropía, término que proviene del griego “philos” (amor) y “antropo“(hombre), definiéndose como el amor al género humano y a todo lo que la humanidad respecta, particularmente en una forma constructiva expresada en la ayuda desinteresada a los demás. Muchas han sido las personas que han practicado la filantropía a lo largo de nuestra historia local, hoy recordamos a uno ejemplar: “el médico de los pobres”.
Don José Gustavo Mauricio Heyermann Torres, ganó este sobrenombre debido a sus increíbles dotes de generosidad y altruismo. Había nacido en Santiago un 10 de enero de 1903, realizando sus estudios en el Verbo Divino, titulándose posteriormente en la Universidad de Chile como médico cirujano el año 1928. Como anécdota cabe destacar su afición por el boxeo durante su vida universitaria, deporte que lo llevaría a ser Campeón Nacional de la liga Universitaria.
Sus lazos con la ciudad de Angol comienzan en su adolescencia al mantener un romance con la dama angolina Leonie Emilia Cortes Sepúlveda, con quien contrae matrimonio en 1929. Posteriormente a la muerte de su suegro José Olegario Cortes S. en 1934, se hace cargo del Fundo “Maitenrehue”. Este filántropo por excelencia en múltiples ocasiones atendía sin costo a sus pacientes más necesitados, inclusive visitándolos en sus hogares sin importar el día ni la hora, “Don Maura” como cariñosamente le apodo el pueblo, supo ganarse su cariño y su respeto.
Su roce social también le permitió participar en múltiples instituciones angolinas, siendo miembro destacado del Club Aéreo, la Cruz Roja, el Club de Rodeo, el Club de Leones, el Hogar de Ancianos. Fue elegido reelegido en varias oportunidades como Regidor. El ámbito histórico también supo de su entrega, fue él quien  el año 1962,  para  conmemoración del Centenario de la última fundación de Angol, organizó y recreó junto al Club de Huasos y el Regimiento Húsares la última expedición fundadora, haciendo la ruta de Nacimiento a Angol. Fue declarado Hijo Ilustre de Angol el año 1975. Fallece en su hogar de Covadonga con Chorrillos un 21 de enero de 1976, dejando descendencia. El Hospital de Angol lleva su nombre en justo reconocimiento a su labor.  Es el recuerdo para un hombre que sobrepasó el ámbito de su profesión dejando una huella imborrable de su paso por esta ciudad que supo acogerlo, y don Mauricio Heyermann Torres supo también  responder sobre todo a través de su ayuda desinteresada a los demás.


FUNDICION ANGOL: DONDE SE FUNDEN LOS RECUERDOS.

Hacia 1882 y en  la apertura de la Frontera y con el ciclo triguero en su apogeo, el granero de Chile necesitaba maquinaria agrícola, la que sería proporcionada por una Fundición y maestranza de hierro fundido, creada ese año por el ingles Mr. Eduard Brown quien llego  a Chile contratado por la minería del salitre, avecindándose  en Caracoles, luego Talca y finalmente en Angol. La Fundición se ubicaba en la Avenida O’Higgins, específicamente las cuadras de calle Andrés Bello y calle Kennedy frente al Estadio.
La “Fundición Angol” se transformo en productora de Arados y maquinaria agrícola, para 1887 ya ofrecía al público: molinos harineros, motores ingleses a vapor de 1, 8, 10  y hasta 16 caballos de fuerza, maquinas de aserrar, segadoras Hornsby que ataba el trigo en gavillas,  trilladoras, arneadoras sistema  boby, arados, rastras, prensar para aprensar lanas, maquinarias y calderos para cervecería y destilación, rejillas de desagüe, tapas de alcantarillas entre otros.
Sus arados alcanzaron tal fama que el gobierno de Manuel Balmaceda decreto lo siguiente:”se concede a don Eduardo Brown privilegio exclusivo por el termino de cuatro años, para usar en el país arados en que el timón y las manceras son de tubos de fierro o de acero, haciendo uso de los aparatos y procedimientos que ha descrito a los peritos."
La Fundición  usaba como materia prima fierro en barras procedente de los Altos Hornos de Corral, o  Estados Unidos o Inglaterra, también se fundía fierro viejo, empleándose para fundir  carbón coke y leña. La Fundición tenía tres hornos para fundir; una maquina a vapor para mover la fabrica, fragua para calentar el fierro ya fundido, para doblarlo, tornos, taladros, cepillos. Hacia mediados del siglo XX las fundiciones se realizaban cada 15 días por lo general los viernes, y se ocupaban 19 obreros para fundir las tres o cuatro toneladas.

Tres generaciones de Brown dieron vida a esta gloriosa Fundición: Enrique, Eduardo, Francisco, Margarita, Cecil y Osvaldo crearon la sociedad Brown hermanos en agosto de 1947,  cuyo último cliente importante fue el Molino “El Globo”. A principios de la década del 80´se procedió al remate de los bienes, quedando solo en el recuerdo de los viejos corazones de esos fierros que se niegan a morir.