20 jun. 2016

ALCALDES DE ANGOL

1869-1971 Manuel Bunster y Amador Fuenzalida.
1871-1873 Andrés de Barra y José del Rosario Vejar.
1873-1875 José Bunster y Daniel Sepúlveda.
1885-1887 Beltrán Mathieu y Manuel Bunster.
1888-1890  Tomas Romero y Juan Antonio de la Concha
1890- 1893  Carlos Moraga (designado) Francisco Ottone (designado) Félix Hernández (electo)
1893- 1896    Juan Antonio Ríos (renuncia) Asume José Olegario Cortes
1897 – 1900 Manuel Antonio Jarpa
1900-1903 Zoilo Contreras
1903-1906 José Olegario Cortes
1906-1909 Pablo A. Fuentes
1909 -1912 Juan Frávega
1912- 1915 Antonio Muñoz
1915-1918 Ramón Urzua
1918-1921 Aníbal Soto Bunster
1921-1923 Rosamel Bravo
1924 -1927 Julio Sepúlveda Onfray
1927 – 1930  Nacianceno Basso (electo)
1930 -1933 Nilo Miranda
1933- 1935 Nilo Miranda
1935 -1938 Ramón Urzua
1938-1941 Luis de la Parra
1941 – 1944 Víctor Villouta
1944 – 1947 Víctor Villouta
1947 – 1950 Juan Seguel
1950-1953 Víctor Villouta
1953 -1957 Víctor Villouta
1957-1960 Víctor Villouta
1960-1963 Edmundo Villouta
1964 – 1970 Francisco Bayo
1970 – 1973 Enrique Sanhueza
1973 -1979 Miguel Torres Fernández (Designado)
1980 – 1988 María Inés Pérez Reydet (Designada)
1989 – 1990 Federico Rioseco Garcés (Designado)
1990 – 1992 Federico Rioseco Garcés
1992 -2006 Enrique Sanhueza Burgoa (4 periodos)
2006 – 2009 Obdulio Valdebenito Burgos.
2009 – 2013 Enrique Neira Neira

*1869 se crea la Gobernación de Angol, con su Municipio y subdelegaciones. Se elegían dos Alcaldes, según régimen liberal. Esto cambio con creación de la comuna autónoma en 1891 en que se eligen un Alcalde por Barrio dando total 4, del cual se elegía uno que hacía de cabeza y seis regidores (concejales). 

APUNTES MILITARES DE ANGOL.


Esta ciudad fue desde sus primeros años un verdadero centro militar, la auténtica madre de todas las ciudades que se fundaron durante la Ocupación de la Araucanía. Por esa y otras razones muchos fueron los destacamentos que sirvieron desde y para Angol; recordemos un periodo que abarca desde 1892 a 1931, aproximadamente 40 años de intensa labor logística y castrense.

Desde 1892 cubría la Plaza Militar de Angol el Regimiento “Granaderos a Caballo”,(actual Estadio Municipal), siendo sus Jefes mientras estuvo en Angol: Teniente Coronel Rodolfo Ovalle, Coronel Abel Policarpo Ilabaca(existe una calle en su honor), y el Coronel Roberto Dávila.  A raíz de problemas limítrofes con Argentina, en 1895 el Gobierno de la época, decidió incrementar las Fuerzas Armadas, ante lo cual se designó a Angol como Asiento de la 4ta Zona Militar, siendo su primer Comandante Salvador Vergara Álvarez, quien se dedicó a explorar y reforzar todos los pasos fronterizos desde Lonquimay hasta Llanquihue. 

La 4ta zona sería trasladada a Valdivia a medida que se prolongaba el ferrocarril al sur, pero mientras tuvo Asiento en Angol sus Comandantes fueron además del citado Vergara: Roberto Silva Renard, (el mismo de la matanza de Iquique), Vicente Palacios Baeza, y José Ignacio López. Además  se destinó a Angol el recientemente creado  Regimiento de Caballería Guías N° 7 cuyos Jefes fueron: el Coronel Belisario Campos, el Comandante Vicente Montauban, el Coronel José Antonio Soto Salas, y el Teniente Coronel Luis Alberto Serrano, su último Jefe ya que este Regimiento se disolvió en 1903, pasado los temores de Guerra con Argentina.

        En 1898 se construyeron en Angol los cuarteles Freire (actual Húsares) y el cuartel de Ingenieros (actual pob. Pampa Ing.) En abril de 1905 se dispuso que el “Granaderos a Caballo” emigrase a la ciudad de Iquique, siendo reemplazado por el Regimiento “Húsares del General Carrera”, que aún sirve en nuestra ciudad, siendo sus primeros Jefes los Tenientes Coroneles: Arturo Rojas, Francisco Vial, Narciso Rodríguez, Ambrosio Acosta, Enrique Ortiz, Ambrosio Acosta, Aníbal Riquelme, Isaac del Valle, Luis González, Fernando Sepúlveda, Nicasio del Toro, Arturo Fuentes y David Fontecilla hasta la época que historiamos.


Por decreto supremo, en abril de 1907 se organizaron cuatro Batallones de Tren, uno de los cuales el N° 4 fue enviado a Angol en 1913. Desde ese año y hasta enero de 1932, Angol tuvo dos Unidades Militares. La 4ta Brigada se creó en 1915 y de ella dependían el Reg. Húsares y el Batallón Tren N°4, este último tuvo como Jefes al Capitán José Luis Avendaño, Capitán Aníbal Parada, Mayor Maximiliano Fuente, Mayor Ricardo Villareal, Mayor Diego Guillen, Mayor Víctor Mc-Lean, Mayor Carlos Ugarte, Anatolio Sáez y Capitán Caupolicán Clavel quien lo dirigía el año 1924 cuando el Batallón Tren abandonó definitivamente Angol para asentarse en la ciudad de La Serena.

 En 1925 arribó el “Regimiento de Artillería Maturana” que rápidamente tomó el nombre de “Grupo de Artillería Silva Renard” cuyos jefes en Angol fueron: René Lardionuis y Enrique Jiménez. En 1931 a raíz de la Sublevación de la Armada, concurrieron todas la Unidades de Angol y se combatió en Talcahuano. Al año siguiente el Silva Renard fue destinado a Concepción, quedando desde entonces guarneciendo la ciudad el Reg. Húsares, pasando a ocupar el Cuartel Freire desde ese año, abandonado el Cuartel Plaza que fue demolido en 1936 y los terrenos rematados al año siguiente.

LA HISTORIA DE STANLEY BLANDFORD


Significativa a nivel Sudamericano fue la presencia chilena que participó activamente de los sucesos bélicos en la Segunda Guerra Mundial, se estima que fueron más de dos mil chilenos los que se embarcaron al viejo mundo. Las motivaciones eran varias, desde militantes del partido nazi chileno para apoyar a Alemania, hasta el llamado de la madre patria en donde descendientes de emigrantes europeos cuyos países eran beligerantes en el conflicto se alistaban por sus naciones.

Uno de ellos fue el joven avecindado angolino Stanley K. Blandford, hijo de quien fuera uno de los mayores terratenientes de Angol don S.C.H. Blandford, de origen Ingles dueño del Fundo “San Luis”, familia de la cual aún quedan descendientes en la actualidad. El joven Stanley había nacido en las minas de Schwager en Coronel en 1919, pero ese mismo año se traslada a Angol, por lo que  gran parte de su vida la paso en nuestra ciudad.

 En 1940 cursaba segundo año de Ingeniería en la Universidad de Chile, cuando sintió el llamado de pelear por Inglaterra, embarcándose en Valparaíso ese año. A su llegada se sometió a difíciles exámenes, siguiendo estudios avanzados de física y matemáticas durante seis meses en la Universidad de Cambridge. Posteriormente fue enviado a Canadá para iniciar su entrenamiento en la aviación, a continuación realizó estudios en Estados Unidos especializándose en Navegación Aérea. 

En 1942 recibió las Alas de la Real Fuerza Aérea (RAF) Británica, comenzando una incipiente carrera en la Aviación inglesa y a raíz de su brillante desempeño fue llamado a formar parte del Escuadrón N° 525 de la RAF creado el 1 de octubre de 1943. Este era un Escuadrón Bombardero equipados con aeronaves Avro Lancaster y su principal objetivo es realizar operaciones nocturnas contra Alemania. Los Avro Lancaster eran bombarderos que se operaban con 31 personas a bordo, más la tripulación de 7 personas: piloto, ingeniero de vuelo, navegador, armador de bombas, operador inalámbrico,  artillero medio superior y artillero trasero.

El Escuadrón 525 compuesto por 9 Avro Lancaster, se unió a otros 421 aviones de la RAF, y su primera Misión fue el bombardeo de la ciudad alemana de Hannover la noche del 9 de octubre de 1943, es llamado “el día negro”, entre las 01:05 y 01:45 de la noche muriendo 1.245 personas. El Escuadrón 525 continuo en operaciones de reconocimiento nocturno el 22 de octubre de 1943 fue derribado por Caza los alemanes el Avro Lancaster del joven Sargento Navegador Stanley K. Blandford, quien fallece junto a toda su tripulación. Sus restos descansan en el Cementerio de Guerra de Hannover.

El triste final de un joven sobresaliente, que no dudo en correr tras el llamado de la patria de sus ancestros, y que pago con sangre chilena en los campos alemanes como una ofrenda heroica desde los valles de Angol.


EL DIABLO EN ANGOL.


El hombre que mato al diablo.

Este mito se tejió en el lejano año de 1885, época del viejo oeste chileno, en la cual abundaban los asaltos y salteos de la más diversa índole. En el verano de ese año un rumor se apodero de la naciente ciudad: El diablo estaba en Angol y se aparecía todas las noches en el Puente “El Rosario”. Dada la casualidad que el diablo angolino tenia la mala costumbre de despojar de sus pertenencias a quienes se les aparecía en la cálidas noches de la Frontera. Al caer el Sol, nadie se atrevía a aventurarse a cruzar el Puente y quienes se atrevían eran salteados por el mismísimo demonio. Sin embargo, al Jefe de la Policía Urbana de Angol, por entonces el Capitán Manuel Antonio Jarpa Ureta era un hombre avezado que no le venían con cuentos; decidido a terminar con las raterías de Lucifer, se disfrazo de parroquiano y entre las tinieblas se dispuso a atravesar el Puente, cuando ante sus ojos en el extremo opuesto del Puente un hombre de capa negra, sombrero y espuelas se apareció frente a él. Desenvainó el Capitán su sable,  enfrentando al demonio, que para mala suerte del cachudo resultó ser un demonio de carne y hueso, el cual fue ultimado con el sable de policial. Desde ese día comenzó la leyenda de Manuel Antonio Jarpa: El Hombre que mato al Diablo.

Las pisadas del diablo.

Desde antaño se han tejido leyendas en torno a la figura del demonio, pactos que podrían arreglar la vida de unos cuantos políticos y empresarios en la actualidad… Angol posee muchas leyendas, una de las más famosas es la Pisada del Diablo, a raíz de una piedra que según dicen tiene las marcas del mismísimo ángel del mal.
Cuentan los antiguos que hace muchos años existió un Molino que funcionaba con una turbina  en el camino hacia Pellomenco, a un kilometro de la ciudad. Su dueño tenía un pacto con el demonio para hacer crecer su fortuna. Dice la leyenda que el molinero trabajaba todo el día y después regresaba al pueblo, sin embargo durante la noche, el Molino extrañamente seguía funcionando, pudiendo verse el destello de luces rojas desde el interior del establecimiento que solo cesaban al despuntar el alba. Entre los campesinos del sector, circulaba el rumor de quien osara cruzar a esas horas por el Molino se encontraría con el Diablo vestido de molinero obligando a los incautos a trabajar toda la noche.
Con el paso del tiempo, el molinero ganó mucha plata, engañó al diablo con las cuentas que enfurecido mató al hombre; fue entonces cuando Lucifer salió del molino envuelto en llamas corriendo por la quebrada, y con furia inaudita dejo las marcas de sus pisadas en una roca. Un poco antes, el molinero había pedido a  su familia, que al morir lo velasen en el Molino y lo sepultasen al día siguiente. Y así ocurrió, sin embargo, gran sorpresa causo cuando quisieron retirar el ataúd del Molino para darle sepultura, no pudieron levantarlo debido a su gran peso, al abrir el féretro el cadáver había desaparecido y en su lugar encontraron solo piedras del arroyo que surtía de agua al molino.

La existencia del Molino no ha sido probada históricamente, transformando esta historia en una leyenda urbana, pero si se busca con cuidado en la quebrada aún es posible encontrar la piedra con pisadas perfectamente fundidas en la roca. Recomendación: todo con esfuerzo se puede lograr en la vida, no vaya a suceder que terminemos como el molinero…

EL ESTADIO.

SELECCION DE ANGOL, AÑO 1960
En la foto De pie, izq. a der . Macho, Sandoval, Barros, Ruperto Aedo , desc., Avello, Arevalo, Tito Macho, Galvarino Obreque. Abajo izq, a der. Tano Colombre, Faundez, Lobos, Ivan Avello, Enrique Obreque.


El deporte ha sido desde antaño pieza fundamental en el desarrollo de los angolinos. Antes de la masificación del fútbol, el deporte que atraía multitudes era las Carreras a la Chilena las cuales se efectuaban en la Avenida Huequen, actual D. Bullock, recordemos que Angol tuvo su propio Hipódromo en 1913. También se practicaba el Tiro al Blanco, aunque menos multitudinario, Angol tenía su propio Club se organizaban encuentros inter ciudades.
En la primera década del siglo XX se masificaron deportes como el fútbol naciendo incipientes clubes como Centenario F.C., Deportivo Malleco F.C, este último equipo es el más longevo que haya tenido jamás Angol, teniendo una duración de 54 años, disolviéndose el año 1964, dejando una estela de pergaminos y muchos futbolistas que emigraron a grandes Clubes de la época, como Eleazar Cabrera y Víctor Morales entre muchos otros. Otros Clubes señeros fueron Obrero,  Húsares, Ferroviario, Vergel, Cervantes, Camilo Henríquez, etc.; el basquetbol con clubes de la Escuela Normal, Liceo de Hombres, Bomberos, Malleco, Huequen etc.;   el ciclismo, el tenis,  el atletismo y el boxeo también tenía adeptos.
Sin embargo todos estos clubes carecían de un espacio físico donde desarrollarse a plenitud,  fue un grupo de dirigentes pioneros fundadores de la Liga de Fútbol de Angol: Teodoro Cid Salvo, Enrique Leal y  Ramón Solís  quienes gestionaron a partir de 1915 la construcción de un Estadio para la ciudad. Idea que tomó como una misión el dirigente Alfredo del Valle Puga, fundador del Estadio de Angol, pues gestionó en esos años su realización.  A partir de allí se constituyó el “Comité Provincial de Cultura Física” presidido por Lucas Mellado, Alfredo del Valle Puga y Enrique Sánchez, quienes recolectaron en 1922 los primeros recursos  para la construcción.  En 1920 fueron aprobados sus planos que se modificaron en 1929 por el arquitecto Enrique Mardones, para incluir nuevos deportes. En 1923 el Ministerio de Guerra extendió un decreto cediendo los terrenos denominados Pampa de Granaderos, sitio que ocupo este antiguo regimiento en 1879, y que abarcaba desde el lado de la Escuela Normal,  desde una línea recta comprendiendo la desembocadura de calle Bilbao hasta el codo del rio Rehue. Se entregó a la administración de la Liga de fútbol de Angol un 18 de julio de 1924 y el 31 de agosto de ese año se colocó la primera piedra, que en realidad fue el comienzo del cierre perimetral, jugándose las primeras ligas de fútbol en la “Cancha Granaderos” como se le llamó en principio. En su diseño original el Estadio albergaba los deportes más populares contaba con canchas de voleibol, basquetbol, carreras a la chilena, dos de entrenamiento de fútbol, una cancha central con graderías, juegos infantiles, además de una piscina. El Club de Ciclismo Almirante Uribe inauguro un velódromo en los terrenos del Estadio, de esta manera fue ocupado de  manera informal durante muchos años. La Portada del Estadio se entregó en 1929, pero los trabajos definitivos comenzaron en 1937, La Junta de Vigilancia de su construcción pedía que las canchas de entrenamiento también fueran de césped… Fue inaugurado  el 30 de enero de 1938 con gran asistencia desarrollándose pruebas tales como lanzamiento de bala, disco, martillo y carreras de 100 y 400 metros planos, destacando el deportista Benjamín Acevedo Trillat en la bala ; además de un encuentro de basquetbol entre Malleco y un combinado. La piscina seria inaugurada solo en 1956. Muchos eventos se celebraron en el Estadio, por ejemplo las Revistas de Gimnasia, las Fiestas de la Primavera, encuentros legendarios entre Deportivo Malleco con Universidad Católica en 1943, o con  Santiago Wanders en 1949, o un encuentro con Colo-Colo en 1953. Son los inicios de un Estadio, que ahora, remozado, continua con la tradición del deporte en nuestra ciudad.


CURIOSIDADES DE OTROS TIEMPOS.


Bienvenidos a esta histórica columna, ahora con noticias siempre relacionadas con la Historia de Angol, esta vez más curiosas que de costumbre, comencemos:

El primer rector del Liceo de Hombres de Angol, Enrique Ballacey Coutreau, falleció después de dos años de ardua labor al frente del establecimiento un 10  de diciembre de 1889. Sus restos fueron velados en la Iglesia Parroquial y posteriormente conducidos a la Estación en donde se le brindaron los últimos honores para luego ser depositado en un carro del Ferrocarril que lo conduciría hasta Santiago, sus restos descansan en el Cementerio General.

El primer Fonógrafo que se escucho en Angol fue en 1893, en el Hotel Central. Se cobró un peso por tanda que incluía 8 piezas: canciones en ingles y español, zarzuelas, romanzas, dúos, piezas de orquesta, discursos de personajes de Angol. La publicidad prometía “gran novedad el oyente cree escuchar la voz humana o instrumentos musicales…”

Hasta el año 1889 los reos condenados a la pena capital, eran fusilados en la Plaza de Armas o el Cementerio. Desde ese año el Juez de Angol Alejandro Urrutia principio con el fusilamiento dentro de la Cárcel y en presencia de los demás reos. El primero en inaugurar la nueva costumbre fue el reo Juan de Dios Basualto, cuando la  Cárcel se ubicaba en la esquina de Prat con Chorrillos.

Hablando de Cementerios el Primero se ubicaba frente al Convento Santa Ana y solamente se trasladaron algunas sepulturas a su nueva ubicación: el Cementerio Parroquial inaugurado en 1880, en tanto el Cementerio Municipal se creó en el año 1894.

Entre 1888 - 1895 la parte céntrica de Angol contaba con agua potable, no pasaba lo mismo con el resto de la ciudad, traspasando el río Vergara, el barrio de Villa Alegre y Villa Hermosa, se surtían del vital elemento desde los canales del Molino o de otras pequeñas acequias, también desde fines del siglo XIX existió el servicio de cubas portátiles,  solamente tuvieron agua potable  desde 1907.

La primera compañía de bomberos se fundó en 1906, para apagar los incendios contaban con una bomba a palanca, en 1912 se adquirió un Bomba a vapor, ambas se trasladaban por fuerza humana, debiendo ser tiradas con lentitud por lo cual ante los siniestros más alejados no alcanzaban a llegar a tiempo.


Antiguamente el uso de pantalones era permitido solamente a los hombres, cuál sería el escándalo de los angolinos en 1912 cuando aparece en la Plaza de Armas un mujer montada a caballo “y en pantalones causando gran bullicio”. Se llamó a la fuerza pública y la mujer fue detenida por ofensas a la moral, en su defensa alegó que por el frío de la mañana se vistió con el pantalón de su marido pues requería comprar alimentos al pueblo…

CAMINANDO POR EL ANGOL ANTIGUO.


            La bocina del Ferrocarril San Rosando-Angol nos acerca lentamente a la Estación de Ferrocarril, hermoso edificio de madera con finas terminaciones, en su exterior en pequeña rotonda una larga fila de carruajes o cabritas esperaban a los viajeros. Enfilando por calle Estación (Esmeralda) hacia la Avenida Huequén (O’Higgins) y el barrio de Villa Alegre, donde llama la atención lo limpio de sus calles y la alegría de sus construcciones, además de las muchas bodegas donde es común ver paisanos, gañanes y pelotones de soldados embriagándose. Destaca la Fundición de Eduardo Brown, y la pequeña Plaza Euskara (Bunster), destaca con un hermoso Frontón de pelota vasca, donde se entretienen los más jóvenes. Mas allá el Molino y el Banco de José Bunster, y posteriormente el rio Vergara de caudal considerable adornado por múltiples embarcaciones de vapor que hacían el trayecto Angol a Nacimiento y Concepción trasportando Harina.
            Traspasado el Puente, destacaba tras una pequeña curva, El Mercado o  Recova que además de servía como matadero, y para fines de siglo XIX  reunía a una veintena de carnicerías, y  lo que más llamaba la atención era la Fabrica de Cecinas de Guillermo von Bischoffshausen ofrecía jamones ahumados, salchichones, choricitos, jabalí, arrollados, costillares, etc.
El Centro de ciudad estaba dominado por el Cuartel Militar, desde el Puente hasta la Plaza de Armas y enfilando por calle Lautaro solamente su lado norte estaba poblado por pequeñas residencias, peluquerías, sastrerías. El comercio más activo se  verificaba desde la Plaza de Armas hacia tres cuadras al norponiente.
            La plaza en esa época era un paseo regular que se hermoseo a fines de siglo, sirviendo mas para las practicas y maniobras militares del Cuartel que se ubicaba en todo su frente oriente,  destacaba la hermosa Avenida norte  de la Plaza donde concurría la sociedad en la tarde-noche. Alrededor de la Plaza se ubicaba: en calle Lautaro el Salón de Certámenes, oficinas públicas, y  cancha del Liceo de Hombres. En calle Imperial (Bunster) se ubicaba la Casa de Altos de Francisco Ottone que en su planta baja albergaba muchos comercios, siguiendo por esa cuadra el depósito de Panadería, Chanchería y Dulcería Francesa, y luego la Iglesia Parroquial construida en 1872. En Calle Prat edificios Fiscales y en la esquina con Chorrillos la Cárcel, todo el frontis de esa calle la ocupaba el Cuartel.
Al llegar a calle Villa-Rica (Aguirre Cerda) llamaba la atención  filas de personas empeñando pequeñas prendas y objetos de valor en la Agencia del Loro de Casiano Vallejos, Agencia del Elefante de Transito Ibáñez. Siguiendo la calle se ubicaban la Zapatería Alemana, el Palitroque Alemán y el Café Gambrinos de Juan Enderli, al lado de la Administración de Correos. En esa calle esquina Caupolicán estaba el Banco Valparaíso, y múltiples tiendas que le daban gran auge, al frente la Sastrería “Ville de Angol”, luego la Tienda y Almacén de Augusto Eickenrodt en calle Caupolicán, al frente la Botica y Droguería El Águila de Pablo Fuentes; y en su esquina con calle Imperial (Bunster) el Almacén Vascongado (Local Tía Jenny) construido en agosto de 1893. En tanto el Hotel Central en Caupolicán con Cañete (Vergara) se encargaba de recibir a viajeros más pudientes. Al lado fabrica de sofás y colchones “La moderna” Son los recuerdos del Angol Antiguo.


EL CRIMEN DE LA CALLE ROSALES.


Corría el año 1918, cuando ocurrió uno de los crímenes más enigmáticos de los que tenga registro la Historia policial angolina. A principio s de junio de ese año un hombre fue encontrado sin vida en las vías del Ferrocarril próximas al Puente Malleco, y pronto lo que pareció un accidente de rutina, se tornó en un difícil caso policial. Al parecer el hombre identificado como Wenceslao Riquelme Quezada, se habría quedado dormido en los rieles de la vía o tal vez hubiera atentado contra su vida.
Sin embargo el análisis de sus costumbres y lo sospechoso del sitio del suceso, hacían que una nube de dudas rodeara el caso. La víctima era un joven funcionario de la Botica y Droguería la  “Bola de Oro”, responsable y serio, además de un excelente deportista, era parte del Centenario F.C. además de ser un activo miembro del Club de ciclismo Almirante Uribe.  Catalogado en sus funerales como un ciudadano ejemplar, lo misterioso de su muerte hacia más enigmático el caso.
La sospecha de intervención de terceros en su muerte, era debido a la extraña posición del cuerpo, como si durmiera plácidamente semi sentado en las vías, distinto a las personas que mueren arrolladas por el tren; tenía el brazo derecho fracturado,  además de faltarle un a mano la cual no fue encontrada en el sitio de muerte, no habían rastro de sangre en los rieles o durmientes. En su bolsillo se encontró un pañuelo ensangrentado y el abrigo mostraba múltiples piquetes hechos con un elemento punzante. Lo otro extraño fue que se le perdió la pista un día jueves, siendo hallado la mañana de un sábado.
La prensa comenzó a presionar la acción de la policía, y se tejieron varios relatos sobre el supuesto crimen. Existía la certeza de que eran varios los involucrados debido a que Riquelme había sido ultimado el jueves en la noche, oculto todo el viernes y en esa madrugada trasladado a las vías del tren para ser hallado recién el sábado.

De las indagaciones de los miembros del Club Almirante Uribe, los periodistas y el patrón de Riquelme el Sr. Abelardo Duvanced  se pudo resolver el Crimen. Ellos encontraron una gran mancha de sangre frente a la una casa de tolerancia. En efecto  el joven Riquelme había acudido a la Casa de prostitución clandestina de María Martínez ubicada en calle Rosales del barrio Coñuñuco, ubicada en el costado Sur de la ultima manzana de esa población. Allí se celebraba la fiesta de San Samuel, en su interior habían 10 mujeres y 12 individuos, Riquelme atraído por la música solicito la entrada, la cual le fue negada, luego de lo cual procedieron a golpearlo entre varios hombres, uno con un objeto contundente que le provoco la muerte. Entonces se les ocurrió cortarle la mano con un hacha y trasladar su cuerpo a las vías del tren, los autores del crimen fueron Víctor y Juan Henríquez, Moisés Lagos y Armando Rivas. Es la historia del Crimen de la Calle Rosales, y a  cuya victima Wenceslao Riquelme, aun se le puede dejar una ofrenda en los nichos de mano derecha entrando al Cementerio Municipal de Angol.-

LOS VETERANOS DEL 79´



El pasado mes de mayo conmemoramos un año más de la gesta de Iquique, Prat y sus hombres dieron el ejemplo y el temple para que el grueso del pueblo chileno se volcara en masa hacia los cantones de reclutamiento, queriendo emular la figura del Héroe caído, sin pensar que sería Prat y no ellos a quien la Historia recordara cada 21 de mayo. Fue así como El Ejército tras alcanzar una exitosa campaña en el norte y obtener para Chile importantes fuentes de riquezas, tuvo un difícil retorno a la vida cotidiana.  Fue así como la reinserción en la sociedad de los sobrevivientes de la Guerra del Pacífico no marchó de forma tan fácil y continua, ya que ésta constó de muchas privaciones e incomprensiones por parte de la  sociedad, como del Estado. También, hay que recordar que era un ejército compuesto por civiles, los cuales antes de ir a luchar tenían un empleo u oficio. Cuando regresaron,  conformaron los cuadros de inválidos de la guerra, y los sanos, más las viudas, y huérfanos, anhelaban una recompensa digna de sus acciones ejecutadas en la guerra y conforme a las riquezas que se habían obtenido de ella. Sin embargo, en la reinserción a la sociedad, los inválidos fueron los que tuvieron más problemas, pues debido a su incapacidad no pudieron integrarse fácilmente.  Angol no fue la excepción, desde el fin de la Guerra en 1883,  el Pago de Chile fue una realidad, porque implicó postergación y marginalidad para quienes vencieron en el conflicto pues las pensiones eran tan insignificantes que no alcanzaban para compensar las necesidades mínimas.

 Se fundó entonces en Angol,  la “Sociedad de Veteranos del 79´” cuya misión era aliviar la triste y precaria situación de los ex soldados de la Guerra del Pacifico, y lo que se logró con la creación de esta Sociedad no fue tan solo ir en ayuda material de los veteranos, al auxiliarlos en las enfermedades, cuotas mortuorias, etc.  Sino también reconocerlos como héroes, ya que eran incluidos en las ceremonias y conmemoraciones de Guerra,  invitados a las Escuelas y Liceos, por ejemplo la Escuela Normal dentro de sus actividades de Aniversario daba un almuerzo en su Honor. 

La Sociedad de Veteranos del 79´funcionaba en una Casa Social o Sede, la primera de ellas se ubico en calle Colipi entre Chorrillos y Julio Sepúlveda, trasladándose después a calle Artesanos en donde funcionaron hasta su disolución en 1961 año en el cual el inmueble fue adquirido por la “Federación de suboficiales de Carabineros en retiro” Algunos de sus miembros que pelearon en la Guerra del Pacifico fueron: José Merced Romero, Narciso Lastra, Daniel Osses Escudero, Juan Gomez, Romualdo Cuevas, Juan Andres San Martin, entre muchos otros.


Estos son los personajes que por mucho tiempo han estado ocultos o simplemente dejados en el olvido en la historiografía chilena, pues la fragilidad de la memoria histórica es un rasgo característico en nuestra idiosincrasia. Desde siempre se prefiere hacer historia sobre los grandes héroes patrios, que sobre los discapacitados que surgieron de la Guerra del Pacifico, y que hoy descansa en nuestros cementerios como mudo recuerdo de batallas heroicas.

6 may. 2015

LAS CASAS DE TOLERANCIA

Con ese singular nombre se designaban antiguamente los lugares donde se ejercía la prostitución,  que es según el dicho, “la profesión más antigua del mundo”. Pero ¿cómo se regulaba este oficio hace  un siglo atrás en nuestra ciudad? ¿Cuáles eran sus consecuencias sociales y económicas?
En Angol proliferaron ciertos barrios rojos, tales como Chillancito y Coñuñuco en los cuales existían dos tipos de locales: las Casas de Tolerancia, pariente lejano de las antiguas chinganas, eran lupanares subidos de tono donde se podía ir a escuchar cantar, tocar guitarra y en la cual habían muchachas a disposición de los parroquianos para ejercer la prostitución; las Casas de Citas eran locales similares a los cuales se podía ir en pareja a “echar su cana al aire, ancestros de los actuales  moteles, de citas tenían solo la fachada . También se ejercía la prostitución clandestina en múltiples casas particulares en barrios como el Cañón, cerca de la Plaza Bunster, en calle Artesanos,  o en el Barrio Estación.
La práctica de la prostitución, especialmente la clandestina había sido la responsable de la aparición de enfermedades de trasmisión sexual o de profilaxis social o enfermedades secretas como se les denominaba en la época. La sífilis y la gonorrea hacían estragos no solo en el bajo pueblo sino en las familias más pudientes, era una plaga mortífera y en los mejores casos dejaban secuelas o deformaciones. La plaga se extendía al seno mismo de las familias al contagiarse la cónyuge y así seguía el círculo vicioso, al no saber el infectado de su enfermedad sino después de un periodo de semanas o meses.

Como una forma de controlar la aparición de estas enfermedades el Municipio desde la década de 1890 tomo parte activa en el control de las prostitutas. En varios de sus artículos el Reglamento de Policía de Angol menciona estas medidas: se llevaba un registro de las casas de tolerancia y de sus inquilinas que debían avisar su cambio de domicilio;  las muchachas que ejercían “el libertinaje” permitido y clandestino  debían ser mayores de 25 años y  someterse a  una revisión semanal con el médico de la ciudad quien entregaba un carnet o libreta con los controles, el médico autorizaba el ejercicio y derivaba a  los prostíbulos, caso contrario las enfermas de derivaban al Hospital. Los locales debían tener a vista del público una lista con las asiladas y el estado sanitario de cada una de ellas. También en las piezas de las asiladas, debía estar visible su carne sanitario con fotografía con fecha y forma del médico. Las multas podían ir desde aceptar a una prostituta infectada al consumo de alcohol en sus dependencias. Los prostíbulos no podían ubicarse a menos de 200 meros de Escuelas y Templos, sus puertas se abrían solo durante la noche, la mujeres no podían instalarse en sus ventanas o balcones, ni provocar o incitar a los transeúntes.  En la década del 20´ el aumento de la prostitución era evidente, era común ver paseándose por las calles del centro autos llenos de prostitutas. Con el tiempo se logro disminuir los lupanares clandestinos, promoviéndose el control Municipal sobre este tema.