21 sept 2012

EL TERREMOTO DE 1939.



Nuestra ciudad,  tantas veces destruida en la época Colonial y vuelta a repoblar,  bien podría decirse que después de eso ha debido  renacer de las cenizas nuevamente al menos en tres oportunidades, proceso que  acrecienta su fama de Ave Fénix de la Frontera. Y  me refiero con ello a otra destrucción, pero ahora en manos de la naturaleza.
La apacible tranquilidad angolina se sacudió de pronto un 24 de enero de 1939 a las 23:35 horas, con un terremoto de una intensidad de 7,8 grados Richter.  Fue entonces el momento en que el Angol de adobe comenzó otra vez a ceder, el menaje fue lo primero en caer, las tejas de las casas producían un ruido ensordecedor, los gritos de incontables vecinos, el polvo y luego el silencio…  seguido de gritos lastimeros.
Las víctimas fatales fueron por suerte un par de decenas, los heridos derivados al maltrecho hospital. En tanto una Comisión de Arquitectos verificó que la ciudad quedo en pésimas condiciones, la mayoría de las casas sin techos.  Muchos edificios de la época se desplomaron: la Comisaria de Carabineros, el Centro Social de Empleados, el Centro Social de Panificadores, la Pastelería Garrido, el  Juzgado, la Cárcel. Otros con graves daños tuvieron que ser demolidos tiempo después,  tales como el Templo Parroquial La Matriz que fue reparada y demolida en 1947, peor suerte corrieron el Hotel Savoy, el Asilo de Ancianos, la Panadería Francia, la Panadería Colon, el Hospital, el ex Edificio de Correos,  la Caja de Seguro Obrero, el Liceo de Hombres, el Hotel Galán, el Teatro Municipal, que hubo que demoler. Los servicios se trasladaron a la Escuela N° 1 y el Liceo de Niñas edificios menos golpeados.
Se construyeron tres galpones con capacidad para 500 personas cada uno, a fin de amparar a los que quedaron sin hogar; se fue en ayuda de casos de indigencia y se fijaron precios máximos para artículos de primera necesidad como harina, azúcar, etc. Se estipulo la pena de azote para los especuladores de estos productos;  se cerraron las cantinas y botillerías para evitar la ebriedad de los obreros que se necesitaban en las faenas; se obligo a las fabricas de ladrillos y tejas a trabajar en máxima capacidad para la reconstrucción. Las noticias del terremoto llagaban a través de telégrafo y de la prensa, la Empresa Gasparini convirtió la cancha de tenis del Liceo de Niñas en improvisado cinematógrafo exhibiendo la cinta “Chillan, la Mártir” en donde los angolinos pudieron ver la magnitud de la tragedia en esa ciudad, y a  pesar de estar severamente dañados, aún tuvieron solidaridad enviado ayuda, así también a Concepción. Para evitar que se repitiera la historia, la presa de  la época aconsejaba construir con la noble madera que había soportado el movimiento antes la débil fortaleza del hormigón… pero a veces la Historia se  olvida.

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