28 dic. 2013

LA XENOFOBIA ANGOLINA

Desde tiempos inmemoriales sepa Ud. El ser humano ha practicado la xenofobia, término que hace referencia a un miedo hacia el forastero, un prejuicio arraigado en el individuo y en la sociedad que se manifiesta en su forma más leve con la indiferencia, la falta de empatía hacia el afuerino, llegando en los casos más extremos a la agresión física. Este fenómeno de la xenofobia tiene sus orígenes en la Grecia Clásica, en ciertos escritos platónicos en donde se sobrevalora a “la polis”, a la propia cultura en menoscabo de las demás.
Este es un fenómeno que a nuestra ciudad de Angol no le es ajeno, y al contrario de lo que podría pensarse, es una práctica casi cotidiana. Muchos ilustres ciudadanos han sido objeto de xenofobia en algún momento de su estadía en nuestra bella ciudad... Típicos son los comentarios: “Este tal por cual se las viene a dar aquí y no es ni nacido acá” o “ese gallo viene a puro ganar plata…”, o “Este señor no tiene la estirpe de los Fundadores de la ciudad”. Xenofobia puede considerarse también la costumbre inveterada de la prosapia los apellidos, mientras más abolengo y prestigio tenga su apellido, nada le costara entrar en los íntimos círculos sociales angolinos.

La xenofobia, sin embargo, es un mal pasajero, un mal que se extingue casi siempre con la muerte del afectado. Claro la muerte santifica y obra cual bálsamo que ensalza las obras de aquellos que no tuvieron la suerte de nacer en la mítica ciudad de Los Confines. Ahora veamos algunos ejemplos y me encontrara Ud. La razón: El destacado Doctor Mauricio Heyermann Torres nacido en Santiago y radicado en Angol hacia los 26 años de edad, pese a ser un filántropo y excelente profesional, era la comidilla preferida de algunos que criticaban su licenciosa vida privada… Otro caso es el Norteamericano Dilmann Bullock Agrónomo y arqueólogo autodidacta, descubridor de la Cultura Cofqueche, no faltaron quienes comentaron “que tal teoría era una falacia, un invento del gringo nomas….” Relegando a Bullock al estrecho círculo de científicos santiaguinos. Otro caso es José Elías Bolívar, profesor, poeta y editor, una lumbrera cultural como pocas han llegado a Angol, ante la solidez de su obra, no faltaron quienes alzaron la voz cuestionando sus “preferencias sexuales”… La lista es interminable si nos vamos al ámbito político, literario, comercial, etc. Solo con la muerte, “la deuda que todo hombre paga”, se vanaglorian las obras del difunto, aparecen monumentos, calles, nombramientos póstumos de aquello y esto otro. Parece que la xenofobia, uno de nuestros defectos más severos e intocados, “un secreto a voces” dirían algunos,  un tabú cotidiano nos impide alcanzar el tan ansiado Progreso. Es hora de que veamos los claros aportes de los “afuerinos” y hagamos de esta ciudad el orgullo de la Araucanía.

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