20 oct. 2014

LOS FUNDOS ANGOLINOS DE 1900.



Hace más de un siglo la principal riqueza que sustentaba nuestra ciudad era la obtenida mediante la Agricultura. Los fundos que rodeaban la ciudad eran también su sostén económico, con características propias que le otorgaban un aire único a los campos angolinos.
Lo primero que hay que consignar era que la industria agrícola, fue desde que se ocuparon los campos para ello, la más moderna del país. La, rastras, arados, segadoras, emparvadoras, trilladoras, motores,  tecnología de punta, producto de la segunda revolución industrial llegó como un torbellino. El inquilinaje propio de la zona central, acá en la zona tampoco existía, el sistema de trabajo era mediante “enganche” de jornaleros desde la zona central.  Los campesinos abandonaban la manta por la chaqueta, pantalón de género blanco y  botas cortas, asemejando jornaleros australianos.
El valle del Malleco por inicios del siglo XX era a todas luces el asentamiento de cinco grandes haciendas,  que en su apogeo contaban con los últimos adelantos, con confortables estancias y sistemas de regadío.
Al Sur de “El Vergel” existía una gran hacienda de 1.900 hectáreas propiedad de Onofre Bunster, quien por malos negocios a los pocos años  la subdividió después en cuatro fundos.   Los caminos que comunican todos estos fundos, se mantenían en perfectas condiciones con un ripio aprensado y no tenían puentes al estar los canales de regadíos conectados por acueductos subterráneos. La primera gran propiedad era “El Vergel”, de Manuel Bunster, con 370 hectáreas regadas,   poseía un criadero de arboles, un jardín botánico, un conservatorio de aclimatación y reproducción vegetal, cuarteles de chacarería, un colmenar, etc... La Casa patronal y de los inquilinos son de estilo Country-House de Australia. Producía “El Vergel” 4 mil cajones de manzanas que se exportaban a Iquique, Valparaíso, Santiago, Punta Arenas, Bs. Aires, Montevideo, Alemania, etc. Siguiendo una avenida de frondosos acacios se encuentra el fundo “Miraflores” de Luis y Manuel Cortes, con 270 hectáreas,  se dedicaba por esta época a la elaboración de pasto aprensado. Sus campos sembrados de alfalfa eran cosechados y pasados a un Galpón que tenía dos maquinas aprensadoras con maquinarias modernas.  Vecino a este fundo se encuentra “El Parque” de Luis Fuenzalida, adquirido a Juan A. Ríos,  media 380 hectáreas regadas con hermosas plantaciones y bien cuidados departamentos dedicados al trigo, cría de animales y un gran Parque forestal. Luego sigue el fundo Ñipaco, de José Olegario Cortes, con 750 hectáreas regadas y 500 de rulo, dotada de animales finos y caballares. Tenía una esplendida Casa Patronal de tres pisos con galerías de vidrios, rodeada de un parque ingles con juegos de agua. Ñipaco fue la cuna de los más finos caballos de sangre: “Avellano”, “Normandie” ganadores del Derby, etc.
Es la historia de estas hermosas propiedades, que con sus hermosos parques ingleses,  salones y casas patronales, dieron vida a la Aristocracia terrateniente de la época, que sostenía la vida cotidiana de Angol.

 

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