20 oct 2014

EL TERREMOTO DE ANGOL



Los últimos sucesos acaecidos en el norte de nuestro país, hace que indudablemente nos veamos reflejados y revivamos los angustiantes momentos del último gran terremoto que afecto a la zona central el 27 de febrero de 2010.

Y si de revivir se trata, queremos en esta crónica revivir el suceso que ha sido catalogado por la Historia como “El Terremoto de Angol”, acaecido un 19 de abril de 1949. Esa noche nada parecía perturbar la apacible quietud de la Capital provincial, sin embargo a las 23:29 horas comienza a percibirse un movimiento que alcanzo los 7.3 grados en la escala de Richter,  tuvo una intensidad de 9 grados en la escala de Mercalli Modificada, 8 grados en Concepción, Temuco y Los Ángeles y 7 grados en Chillán, Valdivia y Talca. En Lebu también produjo algunos daños a los que se sumó un tsunami.  En Concepción se sintió el sismo sin provocar daños materiales ni personales.

La prensa de la época nos recuerda “un terremoto, más corto, pero de mas violencia superior al de 1939 ha conmovido a la ciudad y el 80% de los edificios ha sufrido averías considerables. Algunas casas se han derrumbado, otras que han sufrido averías sumamente serias y muchas que han quedado en estado de reparación,  el techo de todas las casas cubiertas con tejas ha quedado en mal estado. Entre los edificios de importancia que más han sufrido esta el de la Compañía Molinera “El Globo” cuya bodega, ocupada por una enorme cantidad de trigo, se abrió enteramente, dejando escapar estas semillas, hasta la mitad del patio o corralón del establecimiento hacia calle Agricultura (Osorio).  Escuelas y Colegios públicos han sufrido daños considerables”. El terremoto además afecto a las ciudades de Victoria y Traiguén, en esta última, se cayó un muro de la cárcel dejando sepultado varios internos.

El Presidente Gabriel González Videla emitió un decreto  para atender a los damnificados que alcanzaron la cifra de 2.065, además de 155 heridos y 35 víctimas fatales. En dicho decreto  se nombro una comisión para la Provincia de Malleco, compuesta  por el Intendente, el Alcalde, el Comandante del Regimiento Húsares, el Director de auxilio social del trabajo y el Arquitecto Provincial. Ellos realizaron un censo con las viviendas damnificadas y las personas afectadas. A toda la tragedia se le sumo las lluvias que comenzaron los primeros días de mayo, ya que muchas personas estaban sin techo o a muy mal traer especialmente en la poblaciones de Guacolda,  Huequen y El Cañón. Otro problema que siguió fueron los escombros, se crearon cuadrillas de hombres para poder despejar las calles  centrales de la población.

Lo positivo del Terremoto de Angol, fue el impulso que se dio al Sistema de Poblaciones que dependía de las Cajas de Previsión que existían en la época. Fue así como un año después del sismo se levantaban las Poblaciones Bell y Matte, viviendas que nos acompañan hasta nuestros días. 

LOS FUNDOS ANGOLINOS DE 1900.



Hace más de un siglo la principal riqueza que sustentaba nuestra ciudad era la obtenida mediante la Agricultura. Los fundos que rodeaban la ciudad eran también su sostén económico, con características propias que le otorgaban un aire único a los campos angolinos.

Lo primero que hay que consignar era que la industria agrícola, fue desde que se ocuparon los campos para ello, la más moderna del país. La, rastras, arados, segadoras, emparvadoras, trilladoras, motores,  tecnología de punta, producto de la segunda revolución industrial llegó como un torbellino. El inquilinaje propio de la zona central, acá en la zona tampoco existía, el sistema de trabajo era mediante “enganche” de jornaleros desde la zona central.  Los campesinos abandonaban la manta por la chaqueta, pantalón de género blanco y  botas cortas, asemejando jornaleros australianos.

El valle del Malleco por inicios del siglo XX era a todas luces el asentamiento de cinco grandes haciendas,  que en su apogeo contaban con los últimos adelantos, con confortables estancias y sistemas de regadío.

Al Sur de “El Vergel” existía una gran hacienda de 1.900 hectáreas propiedad de Onofre Bunster, quien por malos negocios a los pocos años  la subdividió después en cuatro fundos.   Los caminos que comunican todos estos fundos, se mantenían en perfectas condiciones con un ripio aprensado y no tenían puentes al estar los canales de regadíos conectados por acueductos subterráneos. La primera gran propiedad era “El Vergel”, de Manuel Bunster, con 370 hectáreas regadas,   poseía un criadero de arboles, un jardín botánico, un conservatorio de aclimatación y reproducción vegetal, cuarteles de chacarería, un colmenar, etc... La Casa patronal y de los inquilinos son de estilo Country-House de Australia. Producía “El Vergel” 4 mil cajones de manzanas que se exportaban a Iquique, Valparaíso, Santiago, Punta Arenas, Bs. Aires, Montevideo, Alemania, etc. Siguiendo una avenida de frondosos acacios se encuentra el fundo “Miraflores” de Luis y Manuel Cortes, con 270 hectáreas,  se dedicaba por esta época a la elaboración de pasto aprensado. Sus campos sembrados de alfalfa eran cosechados y pasados a un Galpón que tenía dos maquinas aprensadoras con maquinarias modernas.  Vecino a este fundo se encuentra “El Parque” de Luis Fuenzalida, adquirido a Juan A. Ríos,  media 380 hectáreas regadas con hermosas plantaciones y bien cuidados departamentos dedicados al trigo, cría de animales y un gran Parque forestal. Luego sigue el fundo Ñipaco, de José Olegario Cortes, con 750 hectáreas regadas y 500 de rulo, dotada de animales finos y caballares. Tenía una esplendida Casa Patronal de tres pisos con galerías de vidrios, rodeada de un parque ingles con juegos de agua. Ñipaco fue la cuna de los más finos caballos de sangre: “Avellano”, “Normandie” ganadores del Derby, etc.

Es la historia de estas hermosas propiedades, que con sus hermosos parques ingleses,  salones y casas patronales, dieron vida a la Aristocracia terrateniente de la época, que sostenía la vida cotidiana de Angol.

LA CIUDAD BAJO LOS ARBOLES.



Si hablamos desde una perspectiva histórica, tal vez uno de nuestros mayores defectos como angolinos es no valorar lo que tenemos; este pequeño detalle puede tener su origen en la preferencia de unos por las grandes ciudades u otros que no evitan las  comparaciones odiosas de la oferta que en muchos ámbitos ofrecen las grandes metrópolis. Esta conducta ha mermado históricamente la idiosincrasia del angolino, a tal punto que se sufre una miopía cultural, si se le puede así llamar, al defecto de no apreciar todo lo que ha ofrecido esta ciudad de Angol a lo largo de su historia. Lo contrario dicen apreciaciones de viajeros que en distintas épocas:

”Su aspecto alegre y sus calles bien arregladas sorprenden al viajero que por lo general espera encontrar en estos parajes despoblados un hacinamiento de ranchos o de viejos edificios, separados por una o dos calles mal delineadas. El barrio principal,  que esta al S.O. de los ríos Rehue y Picoiquen se encuentra dividido en 128 manzanas, el otro barrio  que más tarde será el principal por quedar en él la Estación de Ferrocarril en el día cuanta con una calle ancha y espaciosa” Este relato de 1874,  destaca la belleza de la ciudad ordenada, limpia, con edificios modernos, característica que se relaciona con los múltiples terremotos que obligan a remodelar la ciudad.

En 1905 un Periodista afirmaba”Angol tiene vida propia ya que existen a su alrededor fértiles campos y espesas montañas. Esta ciudad es el Edén de la Frontera, su Plaza esta plantada de viejos olmos que la dejan en una penumbra fresca los más ardientes días del verano, sus calles tienen hermosos acacios. Saliendo de la ciudad la Industria Agrícola es más adelantada y moderna que en el Chile Central”

En 1922, otro viajero señala, “Angol es suave y apacible, fresca y perfumada, nunca los rayos del sol hieren directamente y el viento llega hasta el hombre convertido en brisa ligera. Acá se ha realizado el sueño de Gedeón, que quería edificar las ciudades en los campos; y no es una calle ni dos, son todas las innumerables calles de Angol, que se deslizan rectas o torcidas bajo el follaje espeso. Ahí la fruta se da de este lado de los muros, y si uno logra distraer la vigilancia del guardián, puede con solo estirar la mano deleitarse comiendo los más jugosos y dulces duraznos del mundo. En este pequeño paraíso  solo falta el árbol de la ciencia del bien y el mal, la gente es buena, sencilla y amable. Todo invita a la calma, ponderación y suavidad. Es una ciudad sedante, donde las preocupaciones no arrugan el ceño de día, ni causan insomnio en la noche. No tiene edificios ruinosos, los arboles velan las fealdades y desnudeces fiscales.  Si el clima de Angol lo permitiera, yo me habría irritado con la insoportable modestia de sus gentes” 

Parece que tenemos tanto que agradecer a nuestra ciudad,  mantiene inalterable muchas de sus bondades históricas, su clima, su gente, su arquitectura. Como no querer a la ciudad que vive bajo los árboles. 

CALLE BUNSTER, ENTRE CAPUPOLICAN Y LAUTARO, AÑO 1920

UN VUELO EN GLOBO EN 1898.



La primera conquista de los aires angolinos tuvo el honor de caer en manos del aeronauta francés Eduardo Laiselle, un aventurero nacido en 1857, llegado a Chile 19 años después en un Circo de variedades, enamorado de una chilena, quedando a residir en nuestro país. Se considera a Laiselle como el padre del ascenso en Globo Aerostático en Chile, comenzando sus ascensos en Santiago el año 1877, los cuales continuó efectuando hasta el que le costó la vida en Chillan en 1929.

Laiselle llegó a Angol en junio de 1898, causando gran expectación con su extraño espectáculo. Se anunció un vuelo que saldría desde el patio del Teatro, por entonces ubicado en la esquina de calles Lautaro con Chorrillos.( futura Gobernación). El  inflado del Globo se hacía mediante un horno de ladrillo en cuya parte superior se insertaba el Globo suspendido por un sistema de poleas, inflándose por humo de leña verde en unas tres  a cuatro horas. Laiselle bautizó su nave como “Jeanne d´Arc”, un Globo de unos 300 metros cúbicos de capacidad, en tela engomada a la cual le añadía una banquilla de junco.
Laiselle publicitaba su espectáculo mediante poemas: “El hombre todo lo domina, todo/llega al fin de su gigante vuelo/ciclope nuevo que inventara el modo más atrevido de escalar  el cielo./tal es el aeronauta valeroso/que el pueblo todo con clamor aclama/id a verlo en sus ascenso peligroso/allí ved si es digno de su fama…/id elegantes señoritas de primorosa presencia/id úblico admirador de la audacia y el valor” Los asistentes debían cancelar un valor por presenciar el ascenso… La primera ascensión se realizó el domingo 22 de mayo de 1898, a las 15:40 horas se soltaron las amarras, lanzándose el globo al espacio verticalmente alcanzando una altura de 500 metros, era un espectáculo soberbio para los asistentes que estaban en el patio del Teatro y calles centrales, pero súbitamente peligró la vida del piloto con un pequeño incendio de la tela, que al descender en medio de un puente se hizo además una rotura del Globo. Los vecinos rápidamente reunieron recursos para su reparación. La segunda ascensión se realizó el domingo 5 de junio, era el viaje N° 184 de Laiselle… La ascensión fue perfecta alcanzando una altura de 600 metros, desde donde el piloto lanzó un animal en paracaídas, el cual se había dicho sería premio a quien lograse atraparlo. La multitud corría tras el bulto, creyéndolo un cabrito, cuál sorpresa del afortunado que llegó primero se encontró con… un gato. En tanto el Globo descendió en campo raso a orillas del rio Vergara cerca del antiguo Lazareto (cerca del actual Puente Vergara II) Posteriormente Laiselle continuo su viaje a otras localidades. Es la Historia de este aeronauta, el primero en surcar los cielos angolinos hace ya 116 años. 







REGINIO DEL VILLAR, EL ILUSIONISTA OLVIDADO.



El ilusionismo o magia, es un arte escénico, subjetivo, narrativo y espectáculo de habilidad e ingenio, que consiste en producir artificialmente efectos en apariencia maravillosos e inexplicables mientras se desconoce la causa que los produce. Este arte se comenzó a difundir en nuestro país a partir desde fines del siglo XIX,  y quien se transformaría en el primer mago chileno  y sudamericano, fue un angolino: Reginio del Villar Salas.
Nació en Angol aproximadamente en 1866 y siendo un niño aún, se fue cautivado por un mago de un Circo Norteamericano, quien le enseño sus primeros trucos. En 1891 regresa a Angol, ya con un Espectáculo propio, presentandose bajo el seudonimo de Rejinio Muñoz,  le llaman “El Ilusionista” o “El hombre diabólico”. Para 1894, había perfeccionado sus trucos, ese año hizo aparecer misteriosamente la figura de Arturo Prat sobre un lienzo, dejando asombrados a los espectadores. Del Villar que se especializaba en mañetismo, nigromancia, espiritismo, mesmerismo y magia. Comenzó giras por Sudamérica y Europa, pero siempre regresaba a su tierra natal. En 1896 su espectáculo incluía números teatrales en francés: Bombir, Ven Hatin, la garraffa misteriose, la mujer que vuela: elevándose desde el fondo del Teatro. Para el año 1900 ya era un artista consagrado en Santiago y varios países, su fama crecía,  tanto por su hilarante presentación, como por sus trucos para ese año la ilusión: “El Arca de Noé”, “La mala moscovita”, “El gabinete misterioso”.
En 1902, en el apogeo de su fama, cambia su nombre artístico por Reginio del Villar, su verdadero nombre, las gentes le llamaban “El rey de los milagros modernos”, ese año presentó “la cámara muñozaica” acto de ilusionismo en donde hacía desaparecer una mujer, y el truco “la mosca de oro”. Ese año incursiona en la Industria, fundando en Angol la primera fábrica de betún de calzado, la pasta “The Angolin”, negocio que no prospero. A partir de 1903 comienza a agregar pequeñas Petipiezas: obras teatrales o comedias de un acto. Se multiplican las giras a lo largo del país, y le llaman “el mañetizador angolino”, se presenta en innumerables pueblos y villas. En 1910 en Limache la prensa recordaba: “así como memorias tristes, los carteles desgarrados nos recuerdan aquellas noches pasadas en el Teatro-Circo con el Sr. Villar. A veces al pasar por una esquina alcanzo a leer “Aidita” y el recuerdo de aquella pequeñita pálida me hace sonreír y recordar la admiración del pueblo con “La mosca de oro” o “El Hada persa”, que asegura que eso tenía magia negra. En nuestro pueblo acostumbrado a espectáculos mediocres, la llegada del Sr. Villar hizo furor. Fugaces fueron esas noches y ahora nos contentamos con la esperanza de que sobre esos viejos carteles se coloquen otros nuevos anunciando la vuelta del aplaudido artista. La última noche la Galería se alejo silenciosa sintiendo la ausencia de algo que se espera ansioso y que tal vez no vuelva jamás.”
Hacía 1915, abandona la magia por la política, radica en la ciudad de Linares, donde fue regidor y Alcalde, fundador de Bomberos de esa ciudad. Posteriormente regresa a Angol en 1927 para administrar el Teatro, por poco más de un año. Regresa a Linares donde fallece en 1930. Es la Historia del Primer mago chileno, un angolino ilustre y olvidado.

 REGINO DEL VILLAR

2 ene 2014

LAS GÓNDOLAS OLVIDADAS

Un  año 2013 que se nos va y otro año que llega, y son mas y mas los recuerdos y vivencias que va atesorando la ciudad de Angol de Los Confines, y es a propósito de estos recuerdos que queremos traer a la memoria a esas antiguas góndolas olvidadas…
Góndola era el nombre que recibían  los antiguos taxi buses que pululaban las calles del Chile del siglo pasado, y Angol por cierto no escapaba a esta realidad. Del antiguo sistema de Carruajes que fue mermando a  fines de la década del 30´,  fue reemplazado por Taxis modelos Ford, aparecen los taxi buses, a principios de la década del 40´. Las Góndolas llegaron con su trajín a revolucionar la tranquilidad provinciana de Angol. La primera micro que recorrió la ciudad fue un armatoste con “motor, bocina, seis puertas y un asiento” a decir de sus usuarios. Promediando la mitad del siglo veinte existían en Angol 4 góndolas, que eran objeto de múltiples quejas ya sea por iniciar sus recorridos a media mañana, o por sus locas carreras en pos de pasajeros lo cual creaba largos intervalos sin locomoción, o por sus eternas esperas en la Plaza de Armas... Los primeros recorridos eran Santa Ana – Vergel con un promedio de cuatro panas de gomas y otras tantas de motor antes de llegar a destino.


Las Góndolas angolinas, ya fuese por la admiración o sarcasmo popular hacia ese cacharro de fierros desvencijados, de bus santiaguino venido a menos, eran inevitablemente bautizadas. Así la devoción popular decantaba en recordados nombres: De las primeras cómo no recordar la micro RASPA de color azul desaliñado propiedad de don Germán Muñoz, debió su nombre por ir dejando una sonajera de latas y fierros viejos capaz de hacer resucitar a un difunto.  Otra góndola precursora fue la ÑATA nombre derivado de su forma y algunos se aventuran a decir que su dueño era una mujer, de ahí el nombre. Legendaria fue también LA COGOTERA, de mediados de los 60’ una micro de color indefinible, asientos desmembrados, goteras y pololeos vergelianos;  propiedad de la Familia Aravena, la conducía el Sr. Castillo un tipo que parecía actor mexicano, con su auxiliar el recordado Víctor Manríquez “cacaruca”. Lo de Cogotera provenía de su recorrido que comenzaba en el Cañón – Centro – Guacolda – Vergel, concretamente de su paso por Guacolda, según el dicho popular por aquellos lares y en aquella época “cogoteaban”, refiriéndose al asalto de desprevenidos parroquianos. Esta última góndola de gran recuerdo fue objeto de una cueca, compuesta en su honor por el angolino Wilson Arroyo, y aun  es recuerdo de varias generaciones.  Es la evocación a esas góndolas olvidadas, pero que sin embargo en vísperas de un nuevo año, se mantienen vivas en la memoria y en el transitar de taxis buses contemporáneos.