20 jun. 2016

EL DIABLO EN ANGOL.


El hombre que mato al diablo.

Este mito se tejió en el lejano año de 1885, época del viejo oeste chileno, en la cual abundaban los asaltos y salteos de la más diversa índole. En el verano de ese año un rumor se apodero de la naciente ciudad: El diablo estaba en Angol y se aparecía todas las noches en el Puente “El Rosario”. Dada la casualidad que el diablo angolino tenia la mala costumbre de despojar de sus pertenencias a quienes se les aparecía en la cálidas noches de la Frontera. Al caer el Sol, nadie se atrevía a aventurarse a cruzar el Puente y quienes se atrevían eran salteados por el mismísimo demonio. Sin embargo, al Jefe de la Policía Urbana de Angol, por entonces el Capitán Manuel Antonio Jarpa Ureta era un hombre avezado que no le venían con cuentos; decidido a terminar con las raterías de Lucifer, se disfrazo de parroquiano y entre las tinieblas se dispuso a atravesar el Puente, cuando ante sus ojos en el extremo opuesto del Puente un hombre de capa negra, sombrero y espuelas se apareció frente a él. Desenvainó el Capitán su sable,  enfrentando al demonio, que para mala suerte del cachudo resultó ser un demonio de carne y hueso, el cual fue ultimado con el sable de policial. Desde ese día comenzó la leyenda de Manuel Antonio Jarpa: El Hombre que mato al Diablo.

Las pisadas del diablo.

Desde antaño se han tejido leyendas en torno a la figura del demonio, pactos que podrían arreglar la vida de unos cuantos políticos y empresarios en la actualidad… Angol posee muchas leyendas, una de las más famosas es la Pisada del Diablo, a raíz de una piedra que según dicen tiene las marcas del mismísimo ángel del mal.
Cuentan los antiguos que hace muchos años existió un Molino que funcionaba con una turbina  en el camino hacia Pellomenco, a un kilometro de la ciudad. Su dueño tenía un pacto con el demonio para hacer crecer su fortuna. Dice la leyenda que el molinero trabajaba todo el día y después regresaba al pueblo, sin embargo durante la noche, el Molino extrañamente seguía funcionando, pudiendo verse el destello de luces rojas desde el interior del establecimiento que solo cesaban al despuntar el alba. Entre los campesinos del sector, circulaba el rumor de quien osara cruzar a esas horas por el Molino se encontraría con el Diablo vestido de molinero obligando a los incautos a trabajar toda la noche.
Con el paso del tiempo, el molinero ganó mucha plata, engañó al diablo con las cuentas que enfurecido mató al hombre; fue entonces cuando Lucifer salió del molino envuelto en llamas corriendo por la quebrada, y con furia inaudita dejo las marcas de sus pisadas en una roca. Un poco antes, el molinero había pedido a  su familia, que al morir lo velasen en el Molino y lo sepultasen al día siguiente. Y así ocurrió, sin embargo, gran sorpresa causo cuando quisieron retirar el ataúd del Molino para darle sepultura, no pudieron levantarlo debido a su gran peso, al abrir el féretro el cadáver había desaparecido y en su lugar encontraron solo piedras del arroyo que surtía de agua al molino.

La existencia del Molino no ha sido probada históricamente, transformando esta historia en una leyenda urbana, pero si se busca con cuidado en la quebrada aún es posible encontrar la piedra con pisadas perfectamente fundidas en la roca. Recomendación: todo con esfuerzo se puede lograr en la vida, no vaya a suceder que terminemos como el molinero…

1 comentario:

Gonzalo Paredes dijo...

Excelente iniciativa... de verdad te felicito por rescatar del olvido estas leyendas que son parte de nuestra identidad. Desde Concepción y siempre angolino. Gonzalo Paredes