6 may 2015

LAS CASAS DE TOLERANCIA

Con ese singular nombre se designaban antiguamente los lugares donde se ejercía la prostitución,  que es según el dicho, “la profesión más antigua del mundo”. Pero ¿cómo se regulaba este oficio hace  un siglo atrás en nuestra ciudad? ¿Cuáles eran sus consecuencias sociales y económicas?

En Angol proliferaron ciertos barrios rojos, tales como Chillancito y Coñuñuco en los cuales existían dos tipos de locales: las Casas de Tolerancia, pariente lejano de las antiguas chinganas, eran lupanares subidos de tono donde se podía ir a escuchar cantar, tocar guitarra y en la cual habían muchachas a disposición de los parroquianos para ejercer la prostitución; las Casas de Citas eran locales similares a los cuales se podía ir en pareja a “echar su cana al aire, ancestros de los actuales  moteles, de citas tenían solo la fachada . También se ejercía la prostitución clandestina en múltiples casas particulares en barrios como el Cañón, cerca de la Plaza Bunster, en calle Artesanos,  o en el Barrio Estación.

La práctica de la prostitución, especialmente la clandestina había sido la responsable de la aparición de enfermedades de trasmisión sexual o de profilaxis social o enfermedades secretas como se les denominaba en la época. La sífilis y la gonorrea hacían estragos no solo en el bajo pueblo sino en las familias más pudientes, era una plaga mortífera y en los mejores casos dejaban secuelas o deformaciones. La plaga se extendía al seno mismo de las familias al contagiarse la cónyuge y así seguía el círculo vicioso, al no saber el infectado de su enfermedad sino después de un periodo de semanas o meses.

Como una forma de controlar la aparición de estas enfermedades el Municipio desde la década de 1890 tomo parte activa en el control de las prostitutas. En varios de sus artículos el Reglamento de Policía de Angol menciona estas medidas: se llevaba un registro de las casas de tolerancia y de sus inquilinas que debían avisar su cambio de domicilio;  las muchachas que ejercían “el libertinaje” permitido y clandestino  debían ser mayores de 25 años y  someterse a  una revisión semanal con el médico de la ciudad quien entregaba un carnet o libreta con los controles, el médico autorizaba el ejercicio y derivaba a  los prostíbulos, caso contrario las enfermas de derivaban al Hospital. Los locales debían tener a vista del público una lista con las asiladas y el estado sanitario de cada una de ellas. También en las piezas de las asiladas, debía estar visible su carne sanitario con fotografía con fecha y forma del médico. Las multas podían ir desde aceptar a una prostituta infectada al consumo de alcohol en sus dependencias. Los prostíbulos no podían ubicarse a menos de 200 meros de Escuelas y Templos, sus puertas se abrían solo durante la noche, la mujeres no podían instalarse en sus ventanas o balcones, ni provocar o incitar a los transeúntes.

En la prensa de 1901 los Padres de familia se quejaban “ por el incremento que toman diariamente nuestros pueblos las casas de tolerancia, pasando a salir años atrás a un reglamento es todo marchaba perfectamente. No se escandalizaba al público ni a los vecinos con desórdenes, gritos ni espectáculos groseros, como sucede actualmente. Varias de dichas casas están ahora situadas en el centro de la población, y lo que es más doloroso todavía la prostitución está propagando  con tan asombrosa rapidez que puede decirse que se ha establecido en todas partes. Así, no es extraño presenciar diariamente en todas partes, escenas que están en pugna con la moral y la decencia, que acarrean los grandes males, que son la causa de infinitas desgracias que ocurren en el seno de ordenadas familias. No habrán pasado desapercibidos para usted Sr. Director, los gritos y desórdenes que forman por las calles de la población las corrompidas moradoras de estas casas, los días domingos o festivos, cuando de vuelta de alguna orgía, vienen dominadas por el Dios Baco, de a pie o en coche. Cuando lo hacen de esta manera recorren las calles al son de guitarra, gritando y cantando canciones que escandalizan a cuanta persona tiene la desgracia de oírlas. Ojalá que la Ilustre Municipalidad tome el acuerdo de implantar nuevamente el antiguo reglamentos de casas de tolerancia que desempeñaba tan útiles beneficios.”

Años más tarde la prensa nos volvia a recordar “ noche a noche, en distintos puntos de la ciudad, puede verse lo que indicaba en casas denominadas de remoliendas o presuntuosamente particulares, cuyos dueños, negociantes de vinos y licores, arman estas jaranas para extender con facilidad; importándoles  una colilla de mal cigarro que los vecinos pacíficos en esos barrios duerman o no duerman, interrumpidos en reposo por la bullanga que allí hacen las cantoras con las cuecas y con los gritos de los que la animan en medio, siempre, de borrachera espantosa.”

“En 1903 se  anunciaba que noche a noche, y hasta en pleno día dar entrada a los lupanares, no sólo adultos, sino también a muchachos licenciosos que burlan  la vigilancia de sus familias o apoderados. Al tener conocimiento de estos hechos, que nos revelan el grado de relajación que van llegando estos desgraciados jóvenes, hemos sabido también el propósito firme de la prefectura de policía de vigilar sin descanso aquellas casas de prostitución, poniendo a disposición de la justicia a sus dueños y a los precoces visitantes sorprendidos infraganti.”


Al año siguiente[1]con un decreto del día trece de sep de 1905 la ilustre municipalidad teniendo presente el acuerdo municipal del 21 de junio de 1904 y lo dispuesto en artículo quince este reglamento de las casas de tolerancia, decreto en notifiqué el por la policía seguridad a las personas que acreditan casas de tolerancia para que en el plazo de quince días se traslade al barrio de villa hermosa, en las calles de Chacabuco con Rancagua, bajo apercibimiento de 20 pesos de multa inspector la sala con las fuerzas públicas”

En la década del 20´ el aumento de la prostitución era evidente, era común ver paseándose por las calles del centro autos llenos de prostitutas.

En 1946 se planteaba “al mismo tiempo existen casas de esta especie que funcionan en forma clandestina, y estas son las que mayor mal imprimen al estado sanitario de un pueblo desde el momento que allí no llega el control sanitario de las autoridades, porque como no pagan patente y hacen su negocio ocultamente, solo conocen estos establecimientos los que allí visitan con un pretexto cualquiera. En Angol, como en todas partes, existen casas que las califican como casa de citas pero en donde se desarrollan los hechos casi en las mismas condiciones que en las que funcionan públicamente: hay licores,  mujeres, posiblemente juegos, faltando únicamente la música bulliciosa que delataría estas funciones. Algunos paseos que se hicieran a hora conveniente por Avenida Agricultura y otras calles por ahí podrían dar la clave de la existencia de estos negocios clandestinos, favorecidos por ciertas personas de ciertos reales”.

Un importante decreto alcaldicio en esta materia se promulgó el año 1950 evacuó las casas de prostitución establecidas en el centro de Angol, a saber las que existían en calle Chorrillos, entre Covadonga y Jarpa; y las que habían en calle Colipi entre Chorrillos y Julio Sepúlveda, debiendo cambiarse a un sitio especial destinado para ello entre las calle de Freire y Molina, Carrera e Industria. Por esa época se criticó esta medida pues los clientes de estos locales pasarían desde la seguridad que brindaba el centro de la ciudad hacia el peligro de la periferia, con menos resguardo policial y más lumpen,   ya que quedarían ubicadas en la entrada Norte de Angol, donde comenzaba el pueblo.

Con el tiempo se logró disminuir los lupanares clandestinos, promoviéndose el control Municipal




[1] Periódico el colono de Angol, 15 de  sep de 1905.



20 oct 2014

LOS NOTABLES PERUANOS DESTERRADOS EN ANGOL.



Sin siquiera imaginarlo, la ciudad de Angol tendría un importante papel en el apogeo y postrimerías de la Guerra del Pacifico. El Ejército chileno había ingresado a la capital del Perú, Lima, un 17 de enero de 1881 y no lo abandonaría sino hasta 2 años y nueve meses después. El presidente peruano Francisco García Calderón, elegido por la Junta de Notables que eran políticos aristócratas, se negó a ceder territorios que Chile pedía como indemnización de Guerra, siendo desterrado a Chile, con lo cual Perú quedo sin Presidente, siendo dirigido por el Ejército chileno. Mientras tanto, durante esta Ocupación el Ejército comenzó el saqueo de la ciudad y la incautación de instrumentos, mobiliario, libros, y monumentos. La Aristocracia limeña debía pagar un impuesto o Cupo al Ejército para evitar el saqueo, recursos que también servían para la manutención de las tropas.
Hubo ciertos miembros de la aristocracia que se negaron al pago, ya sea por voluntad propia o por incapacidad pecuniaria. Como castigo, los patriarcas de cada familia deudora, fueron desterrados a Chile como prisioneros políticos, uniéndose al Presidente peruano que ya se encontraba en Chile, donde se le siguió dando trato de mandatario a fin de negociar la paz. Se enviaron hacia Valparaíso, Chillan y Angol. Fue en nuestra ciudad donde se mantuvieron cautivos las más influyentes personalidades peruanas: juristas, hombres de Estado, diplomáticos, políticos, hombres de letras. Los desterrados alcanzaron la cifra de 23 personas, de los cuales 16 se enviaron a Angol.
Los primeros 9 prisioneros llegaron a nuestra ciudad el 20 de agosto de 1882 y ellos fueron Carlos Elías, Manuel Candamo, General Lacotera, Ramón Riveyro, Isidoro Elías, José Antonio García, los hermanos Ignacio y Francisco García León, y Pedro Gómez. El día 6 de septiembre llegaron siete prisioneros más: José María Químper, Juan Ignacio Elguera, Emilio Forero; Ceballos, Zoilo Flores, Dionisio Derteano y Pedro Bernales. El presidente peruano García Calderón se movilizaba entre las ciudades, ya que era el encargado, de llevar a cabo las negociaciones de paz con Chile. El día 30 de septiembre, como forma de provocar un quiebre de la aristocracia limeña y lograr firmar la paz, se trasladaron a Chillan a los prisioneros Flores, Elguera, Correa, Riveyro, Elías, Candamo y Químper, quedando en Angol solo 9 prisioneros. La estrategia chilena consistía en alojar a los peruanos en ciudades con pocas comodidades, pero con ciertas regalías, los prisioneros, o “notables” como se les denominó recibieron un trato especial, siendo alojados en la casa del doctor José Gregorio Bísquert en donde eran vigilados por una guardia de cinco hombres, que no hacían mayor apremio les permitían andar libremente por el pueblo y relacionarse con sus habitantes. García Calderón dice de Angol: “un pueblo nuevo y viejo al mismo tiempo… viejo por tradición colonial y nuevo por su fundación. Depende de autoridades militares. Las copiosas e incesantes lluvias hacen intransitables las calles por falta de enlozado y empedrado y el frio tan intenso que no se podía dormir por falta de calor” Como vemos el clima seria el enemigo principal de la estadía peruana en Angol. El prisionero Candamo comenta: “este lugar es mucho mejor de lo que creíamos y estamos cómodamente instalados. Tiene cinco o seis mil habitantes, un hotel pasadero, una bonita plaza, algunas tiendas y un aspecto agradable.” Las habitaciones de los prisioneros no tenían grandes lujos y pronto hubieron de mantenerse con sus propios recursos, dinero que era enviado desde Lima.  En tanto se sucedían los acontecimientos, Estados Unidos había enviado como plenipotenciario al diplomático Cornelius A. Logan, quien junto al Presidente peruano García Calderón llevaron a cabo en Angol en octubre de 1882 una serie de Conferencias de Paz con las autoridades chilenas encabezadas por el Presidente Santa María. En las Conferencias de Angol, Chile buscaba la cesión incondicional de Tarapacá, mientras que Tacna y Arica quedarían en poder de Chile con compromiso de venta luego de quince años. Como vemos en Angol se firmó el preludio del Tratado de Ancón del 20 de Octubre de 1883, que se firmaría finalmente con el nuevo Presidente peruano coronel Miguel Iglesias, que a diferencia de García Calderón si acepto la cesión territorial.
En cuanto a la suerte de los desterrados en Angol, emigraron fueron conducidos a Tacna y liberados luego de la Firma del Tratado de Ancón. Todos excepto uno: el Director del periódico “El Tacora” de Tacna, don Pedro Bernales Varela, un periodista que quedo prendido de la belleza de Angol y de su gente, fue nombrado Director del periódico “El Colono” llevando sus riendas hasta el último de su días, falleciendo en 1898. Sus restos descansan en el Cementerio Católico de Angol, como único recuerdo de esos días legendarios en que Angol también decidía el fin de la Guerra del Pacifico.

EL TERREMOTO DE ANGOL



Los últimos sucesos acaecidos en el norte de nuestro país, hace que indudablemente nos veamos reflejados y revivamos los angustiantes momentos del último gran terremoto que afecto a la zona central el 27 de febrero de 2010.

Y si de revivir se trata, queremos en esta crónica revivir el suceso que ha sido catalogado por la Historia como “El Terremoto de Angol”, acaecido un 19 de abril de 1949. Esa noche nada parecía perturbar la apacible quietud de la Capital provincial, sin embargo a las 23:29 horas comienza a percibirse un movimiento que alcanzo los 7.3 grados en la escala de Richter,  tuvo una intensidad de 9 grados en la escala de Mercalli Modificada, 8 grados en Concepción, Temuco y Los Ángeles y 7 grados en Chillán, Valdivia y Talca. En Lebu también produjo algunos daños a los que se sumó un tsunami.  En Concepción se sintió el sismo sin provocar daños materiales ni personales.

La prensa de la época nos recuerda “un terremoto, más corto, pero de mas violencia superior al de 1939 ha conmovido a la ciudad y el 80% de los edificios ha sufrido averías considerables. Algunas casas se han derrumbado, otras que han sufrido averías sumamente serias y muchas que han quedado en estado de reparación,  el techo de todas las casas cubiertas con tejas ha quedado en mal estado. Entre los edificios de importancia que más han sufrido esta el de la Compañía Molinera “El Globo” cuya bodega, ocupada por una enorme cantidad de trigo, se abrió enteramente, dejando escapar estas semillas, hasta la mitad del patio o corralón del establecimiento hacia calle Agricultura (Osorio).  Escuelas y Colegios públicos han sufrido daños considerables”. El terremoto además afecto a las ciudades de Victoria y Traiguén, en esta última, se cayó un muro de la cárcel dejando sepultado varios internos.

El Presidente Gabriel González Videla emitió un decreto  para atender a los damnificados que alcanzaron la cifra de 2.065, además de 155 heridos y 35 víctimas fatales. En dicho decreto  se nombro una comisión para la Provincia de Malleco, compuesta  por el Intendente, el Alcalde, el Comandante del Regimiento Húsares, el Director de auxilio social del trabajo y el Arquitecto Provincial. Ellos realizaron un censo con las viviendas damnificadas y las personas afectadas. A toda la tragedia se le sumo las lluvias que comenzaron los primeros días de mayo, ya que muchas personas estaban sin techo o a muy mal traer especialmente en la poblaciones de Guacolda,  Huequen y El Cañón. Otro problema que siguió fueron los escombros, se crearon cuadrillas de hombres para poder despejar las calles  centrales de la población.

Lo positivo del Terremoto de Angol, fue el impulso que se dio al Sistema de Poblaciones que dependía de las Cajas de Previsión que existían en la época. Fue así como un año después del sismo se levantaban las Poblaciones Bell y Matte, viviendas que nos acompañan hasta nuestros días. 

LOS FUNDOS ANGOLINOS DE 1900.



Hace más de un siglo la principal riqueza que sustentaba nuestra ciudad era la obtenida mediante la Agricultura. Los fundos que rodeaban la ciudad eran también su sostén económico, con características propias que le otorgaban un aire único a los campos angolinos.

Lo primero que hay que consignar era que la industria agrícola, fue desde que se ocuparon los campos para ello, la más moderna del país. La, rastras, arados, segadoras, emparvadoras, trilladoras, motores,  tecnología de punta, producto de la segunda revolución industrial llegó como un torbellino. El inquilinaje propio de la zona central, acá en la zona tampoco existía, el sistema de trabajo era mediante “enganche” de jornaleros desde la zona central.  Los campesinos abandonaban la manta por la chaqueta, pantalón de género blanco y  botas cortas, asemejando jornaleros australianos.

El valle del Malleco por inicios del siglo XX era a todas luces el asentamiento de cinco grandes haciendas,  que en su apogeo contaban con los últimos adelantos, con confortables estancias y sistemas de regadío.

Al Sur de “El Vergel” existía una gran hacienda de 1.900 hectáreas propiedad de Onofre Bunster, quien por malos negocios a los pocos años  la subdividió después en cuatro fundos.   Los caminos que comunican todos estos fundos, se mantenían en perfectas condiciones con un ripio aprensado y no tenían puentes al estar los canales de regadíos conectados por acueductos subterráneos. La primera gran propiedad era “El Vergel”, de Manuel Bunster, con 370 hectáreas regadas,   poseía un criadero de arboles, un jardín botánico, un conservatorio de aclimatación y reproducción vegetal, cuarteles de chacarería, un colmenar, etc... La Casa patronal y de los inquilinos son de estilo Country-House de Australia. Producía “El Vergel” 4 mil cajones de manzanas que se exportaban a Iquique, Valparaíso, Santiago, Punta Arenas, Bs. Aires, Montevideo, Alemania, etc. Siguiendo una avenida de frondosos acacios se encuentra el fundo “Miraflores” de Luis y Manuel Cortes, con 270 hectáreas,  se dedicaba por esta época a la elaboración de pasto aprensado. Sus campos sembrados de alfalfa eran cosechados y pasados a un Galpón que tenía dos maquinas aprensadoras con maquinarias modernas.  Vecino a este fundo se encuentra “El Parque” de Luis Fuenzalida, adquirido a Juan A. Ríos,  media 380 hectáreas regadas con hermosas plantaciones y bien cuidados departamentos dedicados al trigo, cría de animales y un gran Parque forestal. Luego sigue el fundo Ñipaco, de José Olegario Cortes, con 750 hectáreas regadas y 500 de rulo, dotada de animales finos y caballares. Tenía una esplendida Casa Patronal de tres pisos con galerías de vidrios, rodeada de un parque ingles con juegos de agua. Ñipaco fue la cuna de los más finos caballos de sangre: “Avellano”, “Normandie” ganadores del Derby, etc.

Es la historia de estas hermosas propiedades, que con sus hermosos parques ingleses,  salones y casas patronales, dieron vida a la Aristocracia terrateniente de la época, que sostenía la vida cotidiana de Angol.

LA CIUDAD BAJO LOS ARBOLES.



Si hablamos desde una perspectiva histórica, tal vez uno de nuestros mayores defectos como angolinos es no valorar lo que tenemos; este pequeño detalle puede tener su origen en la preferencia de unos por las grandes ciudades u otros que no evitan las  comparaciones odiosas de la oferta que en muchos ámbitos ofrecen las grandes metrópolis. Esta conducta ha mermado históricamente la idiosincrasia del angolino, a tal punto que se sufre una miopía cultural, si se le puede así llamar, al defecto de no apreciar todo lo que ha ofrecido esta ciudad de Angol a lo largo de su historia. Lo contrario dicen apreciaciones de viajeros que en distintas épocas:

”Su aspecto alegre y sus calles bien arregladas sorprenden al viajero que por lo general espera encontrar en estos parajes despoblados un hacinamiento de ranchos o de viejos edificios, separados por una o dos calles mal delineadas. El barrio principal,  que esta al S.O. de los ríos Rehue y Picoiquen se encuentra dividido en 128 manzanas, el otro barrio  que más tarde será el principal por quedar en él la Estación de Ferrocarril en el día cuanta con una calle ancha y espaciosa” Este relato de 1874,  destaca la belleza de la ciudad ordenada, limpia, con edificios modernos, característica que se relaciona con los múltiples terremotos que obligan a remodelar la ciudad.

En 1905 un Periodista afirmaba”Angol tiene vida propia ya que existen a su alrededor fértiles campos y espesas montañas. Esta ciudad es el Edén de la Frontera, su Plaza esta plantada de viejos olmos que la dejan en una penumbra fresca los más ardientes días del verano, sus calles tienen hermosos acacios. Saliendo de la ciudad la Industria Agrícola es más adelantada y moderna que en el Chile Central”

En 1922, otro viajero señala, “Angol es suave y apacible, fresca y perfumada, nunca los rayos del sol hieren directamente y el viento llega hasta el hombre convertido en brisa ligera. Acá se ha realizado el sueño de Gedeón, que quería edificar las ciudades en los campos; y no es una calle ni dos, son todas las innumerables calles de Angol, que se deslizan rectas o torcidas bajo el follaje espeso. Ahí la fruta se da de este lado de los muros, y si uno logra distraer la vigilancia del guardián, puede con solo estirar la mano deleitarse comiendo los más jugosos y dulces duraznos del mundo. En este pequeño paraíso  solo falta el árbol de la ciencia del bien y el mal, la gente es buena, sencilla y amable. Todo invita a la calma, ponderación y suavidad. Es una ciudad sedante, donde las preocupaciones no arrugan el ceño de día, ni causan insomnio en la noche. No tiene edificios ruinosos, los arboles velan las fealdades y desnudeces fiscales.  Si el clima de Angol lo permitiera, yo me habría irritado con la insoportable modestia de sus gentes” 

Parece que tenemos tanto que agradecer a nuestra ciudad,  mantiene inalterable muchas de sus bondades históricas, su clima, su gente, su arquitectura. Como no querer a la ciudad que vive bajo los árboles. 

CALLE BUNSTER, ENTRE CAPUPOLICAN Y LAUTARO, AÑO 1920