20 oct 2014

LA CIUDAD BAJO LOS ARBOLES.



Si hablamos desde una perspectiva histórica, tal vez uno de nuestros mayores defectos como angolinos es no valorar lo que tenemos; este pequeño detalle puede tener su origen en la preferencia de unos por las grandes ciudades u otros que no evitan las  comparaciones odiosas de la oferta que en muchos ámbitos ofrecen las grandes metrópolis. Esta conducta ha mermado históricamente la idiosincrasia del angolino, a tal punto que se sufre una miopía cultural, si se le puede así llamar, al defecto de no apreciar todo lo que ha ofrecido esta ciudad de Angol a lo largo de su historia. Lo contrario dicen apreciaciones de viajeros que en distintas épocas:

”Su aspecto alegre y sus calles bien arregladas sorprenden al viajero que por lo general espera encontrar en estos parajes despoblados un hacinamiento de ranchos o de viejos edificios, separados por una o dos calles mal delineadas. El barrio principal,  que esta al S.O. de los ríos Rehue y Picoiquen se encuentra dividido en 128 manzanas, el otro barrio  que más tarde será el principal por quedar en él la Estación de Ferrocarril en el día cuanta con una calle ancha y espaciosa” Este relato de 1874,  destaca la belleza de la ciudad ordenada, limpia, con edificios modernos, característica que se relaciona con los múltiples terremotos que obligan a remodelar la ciudad.

En 1905 un Periodista afirmaba”Angol tiene vida propia ya que existen a su alrededor fértiles campos y espesas montañas. Esta ciudad es el Edén de la Frontera, su Plaza esta plantada de viejos olmos que la dejan en una penumbra fresca los más ardientes días del verano, sus calles tienen hermosos acacios. Saliendo de la ciudad la Industria Agrícola es más adelantada y moderna que en el Chile Central”

En 1922, otro viajero señala, “Angol es suave y apacible, fresca y perfumada, nunca los rayos del sol hieren directamente y el viento llega hasta el hombre convertido en brisa ligera. Acá se ha realizado el sueño de Gedeón, que quería edificar las ciudades en los campos; y no es una calle ni dos, son todas las innumerables calles de Angol, que se deslizan rectas o torcidas bajo el follaje espeso. Ahí la fruta se da de este lado de los muros, y si uno logra distraer la vigilancia del guardián, puede con solo estirar la mano deleitarse comiendo los más jugosos y dulces duraznos del mundo. En este pequeño paraíso  solo falta el árbol de la ciencia del bien y el mal, la gente es buena, sencilla y amable. Todo invita a la calma, ponderación y suavidad. Es una ciudad sedante, donde las preocupaciones no arrugan el ceño de día, ni causan insomnio en la noche. No tiene edificios ruinosos, los arboles velan las fealdades y desnudeces fiscales.  Si el clima de Angol lo permitiera, yo me habría irritado con la insoportable modestia de sus gentes” 

Parece que tenemos tanto que agradecer a nuestra ciudad,  mantiene inalterable muchas de sus bondades históricas, su clima, su gente, su arquitectura. Como no querer a la ciudad que vive bajo los árboles. 

CALLE BUNSTER, ENTRE CAPUPOLICAN Y LAUTARO, AÑO 1920

UN VUELO EN GLOBO EN 1898.



La primera conquista de los aires angolinos tuvo el honor de caer en manos del aeronauta francés Eduardo Laiselle, un aventurero nacido en 1857, llegado a Chile 19 años después en un Circo de variedades, enamorado de una chilena, quedando a residir en nuestro país. Se considera a Laiselle como el padre del ascenso en Globo Aerostático en Chile, comenzando sus ascensos en Santiago el año 1877, los cuales continuó efectuando hasta el que le costó la vida en Chillan en 1929.

Laiselle llegó a Angol en junio de 1898, causando gran expectación con su extraño espectáculo. Se anunció un vuelo que saldría desde el patio del Teatro, por entonces ubicado en la esquina de calles Lautaro con Chorrillos.( futura Gobernación). El  inflado del Globo se hacía mediante un horno de ladrillo en cuya parte superior se insertaba el Globo suspendido por un sistema de poleas, inflándose por humo de leña verde en unas tres  a cuatro horas. Laiselle bautizó su nave como “Jeanne d´Arc”, un Globo de unos 300 metros cúbicos de capacidad, en tela engomada a la cual le añadía una banquilla de junco.
Laiselle publicitaba su espectáculo mediante poemas: “El hombre todo lo domina, todo/llega al fin de su gigante vuelo/ciclope nuevo que inventara el modo más atrevido de escalar  el cielo./tal es el aeronauta valeroso/que el pueblo todo con clamor aclama/id a verlo en sus ascenso peligroso/allí ved si es digno de su fama…/id elegantes señoritas de primorosa presencia/id úblico admirador de la audacia y el valor” Los asistentes debían cancelar un valor por presenciar el ascenso… La primera ascensión se realizó el domingo 22 de mayo de 1898, a las 15:40 horas se soltaron las amarras, lanzándose el globo al espacio verticalmente alcanzando una altura de 500 metros, era un espectáculo soberbio para los asistentes que estaban en el patio del Teatro y calles centrales, pero súbitamente peligró la vida del piloto con un pequeño incendio de la tela, que al descender en medio de un puente se hizo además una rotura del Globo. Los vecinos rápidamente reunieron recursos para su reparación. La segunda ascensión se realizó el domingo 5 de junio, era el viaje N° 184 de Laiselle… La ascensión fue perfecta alcanzando una altura de 600 metros, desde donde el piloto lanzó un animal en paracaídas, el cual se había dicho sería premio a quien lograse atraparlo. La multitud corría tras el bulto, creyéndolo un cabrito, cuál sorpresa del afortunado que llegó primero se encontró con… un gato. En tanto el Globo descendió en campo raso a orillas del rio Vergara cerca del antiguo Lazareto (cerca del actual Puente Vergara II) Posteriormente Laiselle continuo su viaje a otras localidades. Es la Historia de este aeronauta, el primero en surcar los cielos angolinos hace ya 116 años. 







REGINIO DEL VILLAR, EL ILUSIONISTA OLVIDADO.



El ilusionismo o magia, es un arte escénico, subjetivo, narrativo y espectáculo de habilidad e ingenio, que consiste en producir artificialmente efectos en apariencia maravillosos e inexplicables mientras se desconoce la causa que los produce. Este arte se comenzó a difundir en nuestro país a partir desde fines del siglo XIX,  y quien se transformaría en el primer mago chileno  y sudamericano, fue un angolino: Reginio del Villar Salas.
Nació en Angol aproximadamente en 1866 y siendo un niño aún, se fue cautivado por un mago de un Circo Norteamericano, quien le enseño sus primeros trucos. En 1891 regresa a Angol, ya con un Espectáculo propio, presentandose bajo el seudonimo de Rejinio Muñoz,  le llaman “El Ilusionista” o “El hombre diabólico”. Para 1894, había perfeccionado sus trucos, ese año hizo aparecer misteriosamente la figura de Arturo Prat sobre un lienzo, dejando asombrados a los espectadores. Del Villar que se especializaba en mañetismo, nigromancia, espiritismo, mesmerismo y magia. Comenzó giras por Sudamérica y Europa, pero siempre regresaba a su tierra natal. En 1896 su espectáculo incluía números teatrales en francés: Bombir, Ven Hatin, la garraffa misteriose, la mujer que vuela: elevándose desde el fondo del Teatro. Para el año 1900 ya era un artista consagrado en Santiago y varios países, su fama crecía,  tanto por su hilarante presentación, como por sus trucos para ese año la ilusión: “El Arca de Noé”, “La mala moscovita”, “El gabinete misterioso”.
En 1902, en el apogeo de su fama, cambia su nombre artístico por Reginio del Villar, su verdadero nombre, las gentes le llamaban “El rey de los milagros modernos”, ese año presentó “la cámara muñozaica” acto de ilusionismo en donde hacía desaparecer una mujer, y el truco “la mosca de oro”. Ese año incursiona en la Industria, fundando en Angol la primera fábrica de betún de calzado, la pasta “The Angolin”, negocio que no prospero. A partir de 1903 comienza a agregar pequeñas Petipiezas: obras teatrales o comedias de un acto. Se multiplican las giras a lo largo del país, y le llaman “el mañetizador angolino”, se presenta en innumerables pueblos y villas. En 1910 en Limache la prensa recordaba: “así como memorias tristes, los carteles desgarrados nos recuerdan aquellas noches pasadas en el Teatro-Circo con el Sr. Villar. A veces al pasar por una esquina alcanzo a leer “Aidita” y el recuerdo de aquella pequeñita pálida me hace sonreír y recordar la admiración del pueblo con “La mosca de oro” o “El Hada persa”, que asegura que eso tenía magia negra. En nuestro pueblo acostumbrado a espectáculos mediocres, la llegada del Sr. Villar hizo furor. Fugaces fueron esas noches y ahora nos contentamos con la esperanza de que sobre esos viejos carteles se coloquen otros nuevos anunciando la vuelta del aplaudido artista. La última noche la Galería se alejo silenciosa sintiendo la ausencia de algo que se espera ansioso y que tal vez no vuelva jamás.”
Hacía 1915, abandona la magia por la política, radica en la ciudad de Linares, donde fue regidor y Alcalde, fundador de Bomberos de esa ciudad. Posteriormente regresa a Angol en 1927 para administrar el Teatro, por poco más de un año. Regresa a Linares donde fallece en 1930. Es la Historia del Primer mago chileno, un angolino ilustre y olvidado.

 REGINO DEL VILLAR

2 ene 2014

LAS GÓNDOLAS OLVIDADAS

Un  año 2013 que se nos va y otro año que llega, y son mas y mas los recuerdos y vivencias que va atesorando la ciudad de Angol de Los Confines, y es a propósito de estos recuerdos que queremos traer a la memoria a esas antiguas góndolas olvidadas…
Góndola era el nombre que recibían  los antiguos taxi buses que pululaban las calles del Chile del siglo pasado, y Angol por cierto no escapaba a esta realidad. Del antiguo sistema de Carruajes que fue mermando a  fines de la década del 30´,  fue reemplazado por Taxis modelos Ford, aparecen los taxi buses, a principios de la década del 40´. Las Góndolas llegaron con su trajín a revolucionar la tranquilidad provinciana de Angol. La primera micro que recorrió la ciudad fue un armatoste con “motor, bocina, seis puertas y un asiento” a decir de sus usuarios. Promediando la mitad del siglo veinte existían en Angol 4 góndolas, que eran objeto de múltiples quejas ya sea por iniciar sus recorridos a media mañana, o por sus locas carreras en pos de pasajeros lo cual creaba largos intervalos sin locomoción, o por sus eternas esperas en la Plaza de Armas... Los primeros recorridos eran Santa Ana – Vergel con un promedio de cuatro panas de gomas y otras tantas de motor antes de llegar a destino.


Las Góndolas angolinas, ya fuese por la admiración o sarcasmo popular hacia ese cacharro de fierros desvencijados, de bus santiaguino venido a menos, eran inevitablemente bautizadas. Así la devoción popular decantaba en recordados nombres: De las primeras cómo no recordar la micro RASPA de color azul desaliñado propiedad de don Germán Muñoz, debió su nombre por ir dejando una sonajera de latas y fierros viejos capaz de hacer resucitar a un difunto.  Otra góndola precursora fue la ÑATA nombre derivado de su forma y algunos se aventuran a decir que su dueño era una mujer, de ahí el nombre. Legendaria fue también LA COGOTERA, de mediados de los 60’ una micro de color indefinible, asientos desmembrados, goteras y pololeos vergelianos;  propiedad de la Familia Aravena, la conducía el Sr. Castillo un tipo que parecía actor mexicano, con su auxiliar el recordado Víctor Manríquez “cacaruca”. Lo de Cogotera provenía de su recorrido que comenzaba en el Cañón – Centro – Guacolda – Vergel, concretamente de su paso por Guacolda, según el dicho popular por aquellos lares y en aquella época “cogoteaban”, refiriéndose al asalto de desprevenidos parroquianos. Esta última góndola de gran recuerdo fue objeto de una cueca, compuesta en su honor por el angolino Wilson Arroyo, y aun  es recuerdo de varias generaciones.  Es la evocación a esas góndolas olvidadas, pero que sin embargo en vísperas de un nuevo año, se mantienen vivas en la memoria y en el transitar de taxis buses contemporáneos. 

28 dic 2013

NUESTRA LITERATURA

Angol  siempre se ha afirmado que es cuna de poetas, como no, es cosa de recordar solamente: Pedro de Oña, Diego Dublé, Antonio Acevedo y a nivel local, pero no por ello menos importantes: José Elías Bolívar, Cesar Roa Villagra entre otros.  En este sentido ¿quién sabe cuánto han influido las Revistas Literarias en todas esas brillantes mentes?
La primera actividad literaria propiamente tal que se conoció fue “El Ateneo” fundado en 1903 sus miembros celebraban sesiones  en el Salón del periódico “EL Colono”, cedidos gentilmente por uno de sus fundadores don Temistocles Conejeros, quien junto a Manuel Oyarzun y Manuel Barría se encargaron de darle formación, y de reunir en tertulias a gente ligada al Arte.
Posteriormente se formaron varias Revistas Literarias: “La Revista de Malleco” de 1913, Dirigida por el periodista y Poeta Pedro Garrido;  y la Revista “Araucanía” de 1916, a cargo de José Luis Osorio con la colaboración de Cesar Bunster. Otra Revista de excelencia fue “Fénix” de breve duración fundada en 1934; asimismo “El Reflejo” de 1946.
Otra Institución que aporto al mundo de las letras fue el Liceo de Hombres, ya en 1932 crean su primera Revista Literaria “Minerva” y en la década del 60´la muy recordada “Revista Rehue”, publicación fruto de la Academia Literaria Pedro de Oña. Estas Revistas daban a conocer obras de los jóvenes valores que tenía el Liceo, y aportes de ex alumnos con sus hermosas creaciones. También debemos recordar acá las múltiples actividades y Talleres implementados por las alumnas de la Escuela Normal de Angol, en el ámbito literario.
Como olvidar la inmensa labor desplegada por el Grupo Literarios “Los Quijotes” liderados por Cesar Roa Villagra, y en épocas más recientes la fecunda labor realizada por la agrupación Literaria “Crisol” en el cual se destacan Lina Escobar Baeza. Fecunda es la labor que también desarrollan el Grupo de lectores de la Biblioteca Municipal de Angol: Violeta Méndez, Mercedes San Martín y Elfrida Montero. Carmen Soto, Miguel Martínez, Zunilda Guzmán, Florentino Morales, Carmen Novoa, Norma Aranguiz ,Amalia Abad, Wellington Rojas, Gaspar Burgos, entre muchos otros amantes de la literatura, que sin duda hacen renacer todavía ese viejo dicho “Angol cuna de poetas”…



NUESTRA LITERATURA

Angol  siempre se ha afirmado que es cuna de poetas, como no, es cosa de recordar solamente: Pedro de Oña, Diego Dublé, Antonio Acevedo y a nivel local, pero no por ello menos importantes: José Elías Bolívar, Cesar Roa Villagra entre otros.  En este sentido ¿quién sabe cuánto han influido las Revistas Literarias en todas esas brillantes mentes?
La primera actividad literaria propiamente tal que se conoció fue “El Ateneo” fundado en 1903 sus miembros celebraban sesiones  en el Salón del periódico “EL Colono”, cedidos gentilmente por uno de sus fundadores don Temistocles Conejeros, quien junto a Manuel Oyarzun y Manuel Barría se encargaron de darle formación, y de reunir en tertulias a gente ligada al Arte.
Posteriormente se formaron varias Revistas Literarias: “La Revista de Malleco” de 1913, Dirigida por el periodista y Poeta Pedro Garrido;  y la Revista “Araucanía” de 1916, a cargo de José Luis Osorio con la colaboración de Cesar Bunster. Otra Revista de excelencia fue “Fénix” de breve duración fundada en 1934; asimismo “El Reflejo” de 1946.
Otra Institución que aporto al mundo de las letras fue el Liceo de Hombres, ya en 1932 crean su primera Revista Literaria “Minerva” y en la década del 60´la muy recordada “Revista Rehue”, publicación fruto de la Academia Literaria Pedro de Oña. Estas Revistas daban a conocer obras de los jóvenes valores que tenía el Liceo, y aportes de ex alumnos con sus hermosas creaciones. También debemos recordar acá las múltiples actividades y Talleres implementados por las alumnas de la Escuela Normal de Angol, en el ámbito literario.
Como olvidar la inmensa labor desplegada por el Grupo Literarios “Los Quijotes” liderados por Cesar Roa Villagra, y en épocas más recientes la fecunda labor realizada por la agrupación Literaria “Crisol” en el cual se destacan Lina Escobar Baeza. Fecunda es la labor que también desarrollan el Grupo de lectores de la Biblioteca Municipal de Angol: Violeta Méndez, Mercedes San Martín y Elfrida Montero. Carmen Soto, Miguel Martínez, Zunilda Guzmán, Florentino Morales, Carmen Novoa, Norma Aranguiz ,Amalia Abad, Wellington Rojas, Gaspar Burgos, entre muchos otros amantes de la literatura, que sin duda hacen renacer todavía ese viejo dicho “Angol cuna de poetas”…


ESOS TRISTES VAGABUNDOS.


En la apresurada vida del angolino moderno, existen algunos que han optado por la del vagabundo,  un individuo que tiene, voluntariamente o por las circunstancias, un estilo de vida errante en una sociedad sedentaria una persona holgazana u ociosa que anda nómade de una parte a otra, sin tener oficio ni domicilio determinado.  En nuestra ciudad se da un triste fenómeno:  el homenaje póstumo realzando la figura de un vagabundo, que cuando vivía fue sistemáticamente rechazado, discriminado y marginado, es así como la muerte santifica al vagabundo, melancólica paradoja que hace surgir oleos y poemas en honor al errante. El caso más famoso es el de “champita”, también conocido como  el “sansón”, el “viejo del saco” o “Goliat”, se caracterizo por su mutismo con los adultos y su locuacidad con los niños, nunca pedía, dicen que con su mirada tocaba el corazón de la gente; de su origen se tejió el mito de que era profesor, o que muerta su familia en un feroz accidente se había hecho mendigo. Investigaciones del historiador Hugo Gallegos demostraron que se trataba de Manuel Segundo Muñoz comerciante procedente de Santiago…
Los primeros mendigos que se tiene recuerdo en nuestra ciudad datan de la década de 1880, Juan Sudando fue el primero que se ganó el cariño del pueblo; otro muy recordado que pululo nuestras calles desde 1895 aproximadamente hasta  las primeras décadas del siglo XX  fue “el chayo”, quien tenía por costumbre molestar a las señoras con sus impertinentes gritos pidiendo una moneda.  Los mendigos en esa época eran considerados una verdadera plaga en la ciudad, solian apostarse en la Plaza Bunster, además en los portales de las Iglesias esperando la “salida de misa”Otros vagabundos más antiguos fueron el “charcheta”, el “arañita”, el “paipa”, el “mono de fierro”, la “vieja parafina”, el “loco Molina”, la “Nancy loca”. Todos personajes errantes dejando en su caminar una estela de indiferencia, algunos por voluntad o deficiencias mentales,  se hicieron atorrantes y hediondos, haciendo de su compañía jaurías de perros, o la soledad del camino.
El vagabundo antiguo más famoso fue “Diógenes” un  filosofo griego que convirtió la extrema pobreza en una virtud, decía que la ciencia, los honores y las riquezas son falsos bienes que hay que despreciar;  Diógenes caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, dormía en los pórticos de los templos envuelto únicamente en su capa y tenía por vivienda una tinaja. De su filosofía se inspiro “el mal de Diógenes” en relación a quienes acumulan desperdicios. Asimismo en la India los vagabundos son venerados y respetados por la población, como renunciantes de la vida mundana, deambulan por las ciudades o los bosques en búsqueda de la liberación.

Dicen que los homenajes se hacen en vida y así lo han entendido algunos como el fotógrafo aficionado Camilo Tapia quien en su Facebook, posee un Álbum llamado “Cuatro caminos” serie se intenta rescatar la identidad local de la ciudad que desaparece con la modernización. Allí se homenajean vagabundos tales como Claudio el “chipiripipi”, Manuel el “mala lana”, la “vieja de los perros”, “Américo” fallecido recientemente, “Marcelino”… un pintor anónimo que vive bajo el Puente Vergara. Lamentablemente son homenajes virtuales,  la realidad sigue su curso estos errantes contemporáneos que tal vez no busquen homenajes, oleos o poemas, solo comprensión, caridad o una sonrisa para esos tristes vagabundos.

LOS CARRUAJES DE ANTAÑO

Entre tanto automóvil que a ratos colapsa nuestra ciudad, entre tantos taxis “colectivos”  que inundan las calles, y que se caracterizan por su casi siempre buena atención y los constantes roces entre clientes y choferes.
Hace 100 años las cosas no eran  tan distintas, en vez de colectivos habían Carruajes, un transporte mas elaborado que los burdos carretones originario del siglo XVI, y se caracterizaba por  que podía transportar cuatro  pasajeros sentados de frente, conducido por una persona que era llamado “chauffers”, termino francés que derivo en la palabra que conocimos en la actualidad. Existía en esa época el “Servicio de Carruajes Públicos” era el encargado de regular las tarifas y recorridos del servicio, debido a los contante problemas entre usuarios y cocheros, ya que cobraban tarifas muy elevadas.
Hacia 1911 existían en Angol 15 Carruajes para las 8.000 personas de la ciudad, y  las tarifas se regulaban dividiendo la ciudad en dos partes: al oriente y al poniente del Puente Rehue (actual Vergara N°1). Dentro de cada sección la tarifa era de 20 centavos y de una sección a otra 40 centavos. Un coche a la Estación  con derecho a cuatro asientos 1 peso. Si el Carruaje era arrendado por hora se pagaba 1 peso 50 centavos. El viaje al Cementerio valía 3 pesos, sin importar el número de pasajeros o el tiempo, y las multas en caso de cobros indebidos llegaban a los 20 pesos.  Ese año precisamente se declaro una  “Huelga de los cocheros” por diferencia en el cobro al cementerio ya que los choferes cobraban cuatro pesos…
Posteriormente los Carruajes se hicieron parte del paisaje urbano, usual era encontrarlos Estacionados en una esquina de la Plaza de Armas, esperando pasajeros. El Servicio Público de carruajes funciono hasta la década del 40´, siendo reemplazados por los “Taxis” de mayor comodidad, velocidad, transporte que domina las calles angolinas hasta nuestros días.

CARRUAJE ANGOLINO AÑO 1925

LA XENOFOBIA ANGOLINA

Desde tiempos inmemoriales sepa Ud. El ser humano ha practicado la xenofobia, término que hace referencia a un miedo hacia el forastero, un prejuicio arraigado en el individuo y en la sociedad que se manifiesta en su forma más leve con la indiferencia, la falta de empatía hacia el afuerino, llegando en los casos más extremos a la agresión física. Este fenómeno de la xenofobia tiene sus orígenes en la Grecia Clásica, en ciertos escritos platónicos en donde se sobrevalora a “la polis”, a la propia cultura en menoscabo de las demás.
Este es un fenómeno que a nuestra ciudad de Angol no le es ajeno, y al contrario de lo que podría pensarse, es una práctica casi cotidiana. Muchos ilustres ciudadanos han sido objeto de xenofobia en algún momento de su estadía en nuestra bella ciudad... Típicos son los comentarios: “Este tal por cual se las viene a dar aquí y no es ni nacido acá” o “ese gallo viene a puro ganar plata…”, o “Este señor no tiene la estirpe de los Fundadores de la ciudad”. Xenofobia puede considerarse también la costumbre inveterada de la prosapia los apellidos, mientras más abolengo y prestigio tenga su apellido, nada le costara entrar en los íntimos círculos sociales angolinos.

La xenofobia, sin embargo, es un mal pasajero, un mal que se extingue casi siempre con la muerte del afectado. Claro la muerte santifica y obra cual bálsamo que ensalza las obras de aquellos que no tuvieron la suerte de nacer en la mítica ciudad de Los Confines. Ahora veamos algunos ejemplos y me encontrara Ud. La razón: El destacado Doctor Mauricio Heyermann Torres nacido en Santiago y radicado en Angol hacia los 26 años de edad, pese a ser un filántropo y excelente profesional, era la comidilla preferida de algunos que criticaban su licenciosa vida privada… Otro caso es el Norteamericano Dilmann Bullock Agrónomo y arqueólogo autodidacta, descubridor de la Cultura Cofqueche, no faltaron quienes comentaron “que tal teoría era una falacia, un invento del gringo nomas….” Relegando a Bullock al estrecho círculo de científicos santiaguinos. Otro caso es José Elías Bolívar, profesor, poeta y editor, una lumbrera cultural como pocas han llegado a Angol, ante la solidez de su obra, no faltaron quienes alzaron la voz cuestionando sus “preferencias sexuales”… La lista es interminable si nos vamos al ámbito político, literario, comercial, etc. Solo con la muerte, “la deuda que todo hombre paga”, se vanaglorian las obras del difunto, aparecen monumentos, calles, nombramientos póstumos de aquello y esto otro. Parece que la xenofobia, uno de nuestros defectos más severos e intocados, “un secreto a voces” dirían algunos,  un tabú cotidiano nos impide alcanzar el tan ansiado Progreso. Es hora de que veamos los claros aportes de los “afuerinos” y hagamos de esta ciudad el orgullo de la Araucanía.

EL MEDICO DE LOS POBRES.

Existen muchas formas de ejercer la filantropía, término que proviene del griego “philos” (amor) y “antropo“(hombre), definiéndose como el amor al género humano y a todo lo que la humanidad respecta, particularmente en una forma constructiva expresada en la ayuda desinteresada a los demás. Muchas han sido las personas que han practicado la filantropía a lo largo de nuestra historia local, hoy recordamos a uno ejemplar: “el médico de los pobres”.
Don José Gustavo Mauricio Heyermann Torres, ganó este sobrenombre debido a sus increíbles dotes de generosidad y altruismo. Había nacido en Santiago un 10 de enero de 1903, realizando sus estudios en el Verbo Divino, titulándose posteriormente en la Universidad de Chile como médico cirujano el año 1928. Como anécdota cabe destacar su afición por el boxeo durante su vida universitaria, deporte que lo llevaría a ser Campeón Nacional de la liga Universitaria.
Sus lazos con la ciudad de Angol comienzan en su adolescencia al mantener un romance con la dama angolina Leonie Emilia Cortes Sepúlveda, con quien contrae matrimonio en 1929. Posteriormente a la muerte de su suegro José Olegario Cortes S. en 1934, se hace cargo del Fundo “Maitenrehue”. Este filántropo por excelencia en múltiples ocasiones atendía sin costo a sus pacientes más necesitados, inclusive visitándolos en sus hogares sin importar el día ni la hora, “Don Maura” como cariñosamente le apodo el pueblo, supo ganarse su cariño y su respeto.
Su roce social también le permitió participar en múltiples instituciones angolinas, siendo miembro destacado del Club Aéreo, la Cruz Roja, el Club de Rodeo, el Club de Leones, el Hogar de Ancianos. Fue elegido reelegido en varias oportunidades como Regidor. El ámbito histórico también supo de su entrega, fue él quien  el año 1962,  para  conmemoración del Centenario de la última fundación de Angol, organizó y recreó junto al Club de Huasos y el Regimiento Húsares la última expedición fundadora, haciendo la ruta de Nacimiento a Angol. Fue declarado Hijo Ilustre de Angol el año 1975. Fallece en su hogar de Covadonga con Chorrillos un 21 de enero de 1976, dejando descendencia. El Hospital de Angol lleva su nombre en justo reconocimiento a su labor.  Es el recuerdo para un hombre que sobrepasó el ámbito de su profesión dejando una huella imborrable de su paso por esta ciudad que supo acogerlo, y don Mauricio Heyermann Torres supo también  responder sobre todo a través de su ayuda desinteresada a los demás.


FUNDICION ANGOL: DONDE SE FUNDEN LOS RECUERDOS.

Hacia 1882 y en  la apertura de la Frontera y con el ciclo triguero en su apogeo, el granero de Chile necesitaba maquinaria agrícola, la que sería proporcionada por una Fundición y maestranza de hierro fundido, creada ese año por el ingles Mr. Eduard Brown quien llego  a Chile contratado por la minería del salitre, avecindándose  en Caracoles, luego Talca y finalmente en Angol. La Fundición se ubicaba en la Avenida O’Higgins, específicamente las cuadras de calle Andrés Bello y calle Kennedy frente al Estadio.
La “Fundición Angol” se transformo en productora de Arados y maquinaria agrícola, para 1887 ya ofrecía al público: molinos harineros, motores ingleses a vapor de 1, 8, 10  y hasta 16 caballos de fuerza, maquinas de aserrar, segadoras Hornsby que ataba el trigo en gavillas,  trilladoras, arneadoras sistema  boby, arados, rastras, prensar para aprensar lanas, maquinarias y calderos para cervecería y destilación, rejillas de desagüe, tapas de alcantarillas entre otros.
Sus arados alcanzaron tal fama que el gobierno de Manuel Balmaceda decreto lo siguiente:”se concede a don Eduardo Brown privilegio exclusivo por el termino de cuatro años, para usar en el país arados en que el timón y las manceras son de tubos de fierro o de acero, haciendo uso de los aparatos y procedimientos que ha descrito a los peritos."
La Fundición  usaba como materia prima fierro en barras procedente de los Altos Hornos de Corral, o  Estados Unidos o Inglaterra, también se fundía fierro viejo, empleándose para fundir  carbón coke y leña. La Fundición tenía tres hornos para fundir; una maquina a vapor para mover la fabrica, fragua para calentar el fierro ya fundido, para doblarlo, tornos, taladros, cepillos. Hacia mediados del siglo XX las fundiciones se realizaban cada 15 días por lo general los viernes, y se ocupaban 19 obreros para fundir las tres o cuatro toneladas.

Tres generaciones de Brown dieron vida a esta gloriosa Fundición: Enrique, Eduardo, Francisco, Margarita, Cecil y Osvaldo crearon la sociedad Brown hermanos en agosto de 1947,  cuyo último cliente importante fue el Molino “El Globo”. A principios de la década del 80´se procedió al remate de los bienes, quedando solo en el recuerdo de los viejos corazones de esos fierros que se niegan a morir.